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Palabras necias – Por José David Santos

   

La utilidad -y eficacia- del uso de las palabras como arma es algo que han tenido claro siempre aquellos que han alentado guerras, conflictos y todas las miserias humanas que surgen en medio de la barbarie. Por eso, porque las palabras siguen actuando cual puñal en el senado romano o esquirla de bomba de racimo en Alepo, a veces uno no entiende la ligereza con la que se utilizan en nuestros políticos algunos adjetivos, ciertos verbos y múltiples sustantivos. Dado que la retórica no es, precisamente una virtud en la política patria, algunos de nuestros representantes, en una especie de inoportunismo ramplón y fuera de lugar, cargan sus discursos con términos que son actualidad por grotescas y duras realidades en otros puntos del planeta. Y lo hacen sin pudor, con cara de “siempre me he expresado así” o “no sé a qué se refiere” (esta última respuesta está teñida de sinceridad en algunos casos porque los hay que viven en los mundos de Yupi). Y así, se habla de “separatismo radical” o de “violencia nacionalista” haciendo paralelismos -sin mencionarlos, claro- entre la situación de Cataluña o de Canarias (¿?) y Ucrania. Y tan anchos -más que Castilla- y frescos. Ninguno, supongo, entenderá que esas palabras, así, sin matiz ni rigor, alientan más odios que la realidad que tergiversan con ellas.