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Pedradas con retroceso – Antonio Casado

   

Se entiende perfectamente el ataque de contrariedad del PP en relación al artificial aprovechamiento socialista del patinazo del candidato Cañete (verbalización de la supuesta superioridad intelectual del hombre sobre la mujer). Sobre todo si está tan bien razonado como lo razonó el candidato González Pons arropando a su compañero. A saber: eso le pasa a “cualquiera que tiene un mal día, como lo tenemos todos”, dijo. Es verdad. Cinco minutos después de este razonable argumento de Pons, número dos en la lista del PP, el exministro Arias Cañete estaba excusándose: “Si he ofendido a alguien, por supuesto que pido disculpas”.

Disculpas aceptadas por parte de la candidata socialista, Elena Valenciano que, de ser congruente, debería dar por enterrado el asunto. Y eso era lo previsible después de haber formulado públicamente esa aceptación de disculpas aunque fuera con retraso. Todo eso forma parte de una secuencia informativa de las últimas horas del martes 20 y primeras del miércoles 21. Pero hete aquí que entonces terció en la polémica, cargada de electoralismo, el coordinador de la campaña electoral del PP, Carlos Floriano, para cargar contra el PSOE con carácter retroactivo. O sea, por el viejo y manido episodio de violencia machista que protagonizó hace 22 años el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren. Le bastó a Floriano una declaración previa de Ramón Jáuregui, numero dos de la candidatura del PSOE, en la que acababa de calificar de “incidente” dicho episodio, para devolver la pelota a Valenciano y exigir una petición de disculpas y una rectificación de Jáuregui, por haber calificado de “incidente” el episodio de violencia machista que supuso a Eguiguren una condena a 17 días de arresto por golpear a su esposa. Los antecedentes vienen a cuento porque ponen en evidencia la parte más sucia de la política. Lo visto y oído permite deducir que tampoco en el PP están en condiciones de dar lecciones morales sobre la torticera conversión en categoría política y electoral de una anécdota que en absoluto refleja la personalidad de Jesús Eguiguren, como tampoco la refleja en el caso de Arias Cañete. Ni uno ni otro son esa especie de individuos desalmados que maltratan a sus esposas o consideran a la mujer un ser colonizado por la superioridad intelectual del hombre. Pero ya ha quedado claro en que en campaña electoral todos pierden el oremus y todos son capaces de aprovechar cualquier incidente de recorrido para dejar al adversario a los pies de los caballos. Son pedradas con retroceso, de ida y vuelta. Así que ni el uno ni el otro son ejemplares en punto al juego limpio que debería presidir el debate político, incluso en campaña electoral.