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...y no es broma>

Placer publicitario – Por Conrado Flores

   

Si uno tomara como referencia la publicidad de la televisión, creería que vive en un mundo perfecto. Me impresiona la capacidad de los publicistas y creativos para lograr que pensemos que detrás de cada producto se esconde la felicidad. Lo que en principio podrían parecer problemas, como limpiar el suelo de tu casa, lavar las peores manchas de ropa de tus hijos o tener una regla abundante, parecen nuevas oportunidades para ser feliz.

Los anuncios de Coca Cola de los últimos años presentan a un montón de personas de todas las razas y edades viviendo en armonía, realizando proyectos solidarios juntos y ayudándose mutuamente. Y cuando vemos a toda esa gente diversa y tolerante riendo acabamos creyendo que ‘un mundo mejor es posible’. Todo gracias a una empresa que fabrica algo tan saludable como agua carbonatada con polvos. Cuando creas que la vida es un asco pon un anuncio de Coca Cola en Youtube y se te pasará.

Era pequeño cuando descubrí el poder de la publicidad audiovisual para generar demanda. Fue con un anuncio de espárragos Bajamar. Aparecía una chica en pantalla sosteniendo un enorme espárrago con la punta de sus dedos. Muy despacio, y con un erotismo muy calculado, se introducía el espárrago entero en la boca para después masticarlo con cara de auténtico orgasmo. Es posible que el despertar de mi sexualidad comenzara con un anuncio de espárragos.
Pensé que los espárragos debían saber poco menos que a chocolate. En el supermercado le dije a mi madre que comprara un bote pero no de cualquier marca, debía ser de espárragos Bajamar. No podía arriesgarme a no sentir placer simplemente por no haber comprado la marca adecuada. Mi madre me dijo: “¿Desde cuándo te gustan los espárragos? Siempre los apartas cuando los pongo en la ensalada”. Estaba claro que mi madre no había visto aquel maldito anuncio.

Esperé hasta el almuerzo, no aguantaba la ansiedad. Mi padre abrió la lata y cuando comí el primer espárrago lo hice como la chica del anuncio, aquello no se podía hacer de otra manera. Horrible el espárrago, no recuerdo nada peor. Algo fallaba, pensé que mi madre no se había puesto las gafas de cerca y había cogido una lata caducada. Pero no. A mis padres les gustaron. La triste realidad era que los espárragos Bajamar eran igual de insípidos que el resto de espárragos del mundo. ¿Y la chica del anuncio? ¿Y el orgasmo? Era todo fingido.