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Placeres – Por Arun Chulani

   

Si tuviera que destacar los tres pequeños placeres del día a día que me tienen enamorado, tan solo tres de los tantos que no se notan, pero se sienten, lo tendría muy difícil.
La elección entre crujirme los nudillos, meterme bajo las sábanas recién lavadas o la ducha nada más despertarme tiene un claro ganador: no puedo vivir sin mi momento de tranquilidad, a primera hora de la mañana, rodeado de agua. Puede que para ti, querido lector, el frío tras el baño te rompa lo bonito del momento íntimo, y prefieras disfrutar del gozo de conducir con la ventana bajada, escuchar una canción que te hace viajar en el tiempo o rodearte de fotografías antiguas que aún huelen a risas y lágrimas. Ver a tus abuelos de la mano, respirar el aire puro del monte o, sencillamente, nadar en el gran azul, hacen a muchos soltar un grito de satisfacción gracias a ese instante incomparable de la loca rutina diaria.

Dentro de todo el caos y el sinsentido del no parar, una sorpresa: mi segundo pequeño placer. ¿A quién no le gusta, en un día terrible o hasta arriba de cosas que hacer, ser sorprendido? Y en los buenos días, también. Aquí hago trampa, lo sé. Hay quien preferirá entre sus encantos del día los besos, los abrazos y los “te quiero”, recibir un ramo de flores, ganar la lotería; un gesto inesperado, entrar en un pantalón que no entrabas hace años y, mejor aún, encontrarte dinero dentro de ellos. Pero todo eso son sorpresas… ¿o me equivoco? ¡Son muchos placeres en conjunto! Aunque hay uno que no he ni de pensarme dos veces. Y no por ser el último es el que menos me guste, ni nada por el estilo… de hecho, no puede ser mejor: escribir con inspiración. Para mí, para ustedes. Mi tercer placer. El gusto de poder escribir por aquí, en este pequeño hueco…

Hoy ya me he duchado y he escrito. Dos de mis tres placeres cumplidos. Ejem, ejem…
@arunchulani