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Política y políticos, no – Por Miguel L. Tejera Jordán

   

Ahora que se acercan las elecciones europeas escribiré de cualquier cosa menos de política y de políticos, pues no estoy dispuesto a hacerles publicidad gratuita; ni buena ni mala, dado que no me la van a pagar, ni en blanco ni en negro; ellos, los que pagan siempre o casi siempre en negro y se gastan la pasta gansa de nuestros impuestos en lo que les viene en gana. Porque el dinero no les duele. Y no les duele porque no sale de sus cuentas corrientes. Escribiré y hablaré de lo que me dé la gana, pero no de política ni de politiquillos, aunque sí diré qué pienso hacer la víspera electoral, sábado 24 de mayo, jornada de reflexión: ver la final de la Champions de Lisboa. Y, a la mañana siguiente, después de dormir relajado, veré amanecer con un precioso domingo de mayo con el sol saliendo por Antequera. Y poniéndose lentamente por Los Gigantes, haré, digo, lo que hago todos los días del año: botar. Botar la basura en los contenedores habilitados al respecto. En la de residuos orgánicos, o sea, en la más sucia y apestosa de todas, la propaganda y papeletas de los grandes (ya se imaginen ustedes quiénes son los grandes, los de siempre, los que siempre salen y mangonean, sean cuales sean los resultados, porque se tomarán un cafelito a la mañana del lunes postelectoral y harán apaños y componendas para gobernarnos y explotarnos durante los siguientes cuatro años, pobrecitos de todos nosotros). En la de envases ligeros tiraré las restantes papeletas y propaganda que lleguen hasta mi buzón, así que les rogaría que no me manden ninguna. Y nos ahorraríamos un montón de celulosa de papel procedente de árboles talados por esta pandilla de inconscientes que nos malgobiernan.

Luego de arrojarles a todos y cada uno de ellos (sin excepciones) a la basura, me iré de playa o de monte, según se tercie. Más de playa si hace mucho calor, para refrescarme junto al mar y darme unos remojones.

Y ya por la noche, cuando estén dando los resultados, pondré un DVD con los payasos de la tele. Y me dejaré adormilar lenta pero placenteramente, hasta que se me cierren los ojitos y me quede lele. Pero más a gusto que un pato. Por haber tomado una decisión trascendental a estas alturas de mi vida. Habrá sido tarde, pero habrá merecido la pena. Habrá merecido la pena mandarlos a todos al carajo. A hacer puñetas.