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después del paréntesis >

Políticos – Por Domingo-Luis Hernández

   

Un lunes de principios de mayo, en un lugar tranquilo, León, una ciudadana es seguida y encontrada. Lo sorprendente no es que quienes la alcanzaron la saludaran o que, incluso, con ella discutieran, dado el cariz de su relación; lo horripilante es que una sacara el revólver y disparara cuatro veces sobre la víctima hasta rematarla en el suelo. Esa es la historia, de la cual se sacarán conclusiones: de cómo manejaba doña Isabel Carrasco, la presidenta de la Diputación de León, esa institución, los sueldos que cobraba…; también sobre el desplazamiento de doña Isabel Carrasco hacia sus otras (doña Monserrat Triana Martínez y doña María Montserrat González Fernández), en tanto la primera fue aspirante a cargo público en el mismo partido (el PP), a un trabajo digno a la sombra del PP (partido en el que también ambas militaban) y a lo que en verdad ocurrió, unas oposiciones fallidas, una deuda extraña, la suspensión en la nada por problemas económicos y desahucio. Es decir, una muerta por rencor y una víctima de las circunstancias. Cabe recomponer, pues: una madre (doña María Montserrat) que, pese a ser la esposa del inspector jefe de la Policía de Artorga, asume la macabra responsabilidad de ejecutar a la enemiga, tanto que ha dicho “33 veces más lo haría”. Luego, si por la hija, culpable directa y sustituta. Lo cual nos lleva a la encarnación misma de esa categoría madre y lo que ello proclama: su asiento en el mundo por ser madre, a lo que se añade ser la garante del drama, una muerta a sus espaldas. ¿Qué clavó en su alma la descomunal inquina por su hija?, ¿sólo por su hija? La trama es compleja, se sabe.

¿Además, adulterio? Y la intermediación de la policía local doña Raquel Gago. Tal cosa entierra más el hacha en el tronco, pero eso aquí no cabe. Cabe el hecho siniestro que esa acción proyecta: el que algunos chicos hayan colgado en internet supuestos revólveres que apuntan a la cabeza de los políticos; no a doña Isabel Carrasco, política, a todos los políticos. Punta del iceberg de lo que ocurre en España. Los políticos se defenderán con justicia por amenazas y… No miran a lo que ocurre, no paran para explicarse el descrédito incurioso que los desarma. Ni una sola disculpa por la corrupción, ni una sola aclaración por programas electorales incumplidos, poco sobre los miles de millones para bancos y nada para las carencias de los ciudadanos, para los que pierden el trabajo o sus casas… En sublime trastorno con los usos de la democracia y la calidad de la democracia en individuos que han de sustentar prerrogativas de tal índole en un país civilizado. Así, el presidente de un gobierno no se aviene a dar cuenta de su actividad en un debate público y sin preguntas amañadas o puestas en escena estrafalarias en periodos electorales. De donde, las preguntas se suceden: ¿qué temen los políticos?, ¿que ocultan si en democracia la luz es lo que impone el sentido? Lo que los ciudadanos de un país que se llama España manifiestan es lo que deploran: ocultar mas que descubrir, asentar un sistema de prioridades, privilegios y favores (admitidos los judiciales) en provecho propio frente a los que confirman la entidad: súbditos de repudio en un Estado ocupado. Y eso consuena en la razón misma de quienes ya se muestran de frente contra los que condicionan la democracia desde sus cimientos y de quienes sancionan la legitimidad de la política desde sus bases. Porque, dado lo que sabemos de los países modélicos, ni hay democracia sin políticos ni con políticos que encarnan y encarecen los valores y la esencia de la democracia.

Eso aquí es lo que se vive.

De ahí el prestigio de los dirigentes, gobernantes y sátrapas de los partidos.