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después del paréntesis >

Por la cultura – Por Domingo-Luis Hernández

   

Según consta en las fotocopias que un compañero me regaló, la entrevista la firma Erick Canino. El que responde a las preguntas es Xerach Gutiérrez, un joven que, luego de moverse como empleado en Canarias Cultura en Red y dada su posición en el partido de Coalición Canaria, accede al cargo respetable de Director General del Cultura. Y como la cuestión es deshacer equívocos sobre el asunto en cuestión, sobre la materia dicha, esto es, la cultura, el personaje se expande.

Varias cosas nos da a entender como fundamento de lo que es previsible explicarse para intervenir. Una es llamativa: sector muy complicado, como otros de Canarias: la agricultura, la ganadería, la industria o las nuevas tecnologías. De donde cabe resolver los envites en atención al valor, eso que este Gobierno de Canarias afina de manera concluyente. Porque las prioridades son las prioridades y en ello descansa la ética proverbial, y la moral con que se aplica.

Luego, que haya 3.000 agentes culturales en Canarias es una barbaridad. Las manifestaciones culturales son lícitas y algunas nos llenan de gloria. Tantas no. La desmesura, como los vicios, ha de ponerse en su lugar.

Y cifrado el panorama, lo que se deduce es que en Canarias ya no fluye el dinero por escote. Se constata que en aquel tiempo era posible sacar adelante grandes eventos. Siquiera sea con el 90% de dinero público y el 10% particular. De donde, ahora el desastre consuena por todos los tejados que hacen aguas. Es decir, la cuestión no es analizar cómo han de moverse los sectores a fin de ser productivos y asegurar las materias ínsitas de la organización cultural (como en el País Vasco, Galicia o en lugares precisos de Europa). Con ello el corpus que la mantiene (en arte, literatura, patrimonio…). El asunto es asumir como norma al padre protector y argüir que a aquel sí y al otro no es lo consecuente, dada la enjundia de las propuestas y el salvoconducto de la calidad. Sin planificación, sin acuerdo explícito con los agentes dichos y sin perspectiva, que es el santo y la seña de un Gobierno que desde hace muchísimo tiempo se dice nacionalista. De lo cual se deriva: ¿cultura en Canarias, para Canarias, de Canarias? Y si sí, ¿cómo y por qué?

No es extraño, pues, apañadas las prioridades, el desparpajo. Uno singular que se repite: la internacionalización. De lo cual visto, si uno mira de manera ajustada le dan pálpitos. El Quijote, Hrabal o Borges se leen en todo el mundo porque los gobiernos en cuestión los han internacionalizado. Nada tiene que ver la calidad o el trabajo consecuente en atención a las artes que arropan a esos autores. Despiste meritorio, por tanto. Porque desde el asunto no se arropan las iniciativas, que los libros estén en las bibliotecas y se lean, que la música suene como seña del porvenir o que las artes convoquen. Por lo cual, si el timple no soporta el mérito que debe soportar en el mundo es porque los folkloristas se lo han apropiado, igual que el tango se apropió del sublime bandoneón de Astor Piazzolla o los griegos del sirtaki que inventó el divino Mikis Teodorakis antes de la proverbial crisis de Grecia. El ingenio no cabe en esta plaza; las subvenciones superan a esa insigne comisión.
Desconcierto meritorio, entonces, de los dignos dirigentes de la cultura en Canarias, que si poco saben nada sería mejor.
Así nos va.