X
el cráter>

Pozos – Por Juan Carlos García

   

El mundo acumula un mes inmerso en la conmoción y la indignación por el secuestro de más de doscientas niñas en un colegio de Nigeria perpetrado por un grupo terrorista islamista radical que se opone a que las mujeres tengan acceso a una educación occidental. Las crónicas describen a los familiares “enloquecidos” tras el vídeo enviado por sus captores. No es para menos. Póngase usted, estimado lector, en su lugar y piense por un instante que son sus hijas, sus sobrinas, sus nietas. Dos centenares de alumnas menores de edad secuestradas son muchas víctimas. Sin embargo, los pasos que se dan para que pueden ser liberadas no encuentran, hasta ahora, un camino unánime. Al parecer, no es la primera vez que, en este país y rico en petróleo y pozos de ignorancia, suceden este tipo de acciones infames. La cifra escandalosa, masiva, de las niñas secuestradas es la que ha hecho que los medios de comunicación vuelquen su atención y con ellos se atisbe, una vez más, la ignominiosa vida de la mujer en algunos países o sociedades musulmanes. Y como baluarte de las tradiciones contra los derechos de la mujer, que no dejan de ser los mismos que los del hombre, se alza impertérrito el régimen que se asienta sobre las mayores reservas de petróleo del mundo. Arabia Saudí. Donde la mujer tiene prohibido casi todo. El mandatario de este país, rico en crudo y pobre en derechos humanos, el rey, prolonga ya por trece años el cautiverio de cuatro de sus hijas. Encerradas en palacio, tal y como denunció su madre hace unos meses en Londres. Esta es una tiranía a la que los gobiernos occidentales prisioneros de sus intereses no osan molestar. Una dictadura de latigazos a periodistas, crucifixiones y decapitaciones a la menor discrepancia. Un país al que el rey de España tiene previsto volver a visitar este próximo fin de semana. Los negocios de empresas españolas en ese pedazo de desierto son multimillonarios. Líneas de metro. Trenes de alta velocidad. El paraíso de las constructoras españolas. Juan Carlos I, jugando a la realpolitik, saludará a su amigo y homólogo saudí. No se acordará de sus hijas. A los pozos de petróleo saudíes les secundan los pozos de cinismo de Occidente.