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Preguntas con un único desenlace – Por Román Delgado

   

Ha ocurrido estos días que el más listo de la clase, en su escalada concebida para hollar la cima de las elecciones europeas del domingo próximo, a poco de hacer cumbre, ha tenido un fuerte tropiezo, con tan poca fortuna que esa mala pata ha producido una bola de nieve, primero chica y luego mayor y mayor. Conforme la gravedad la empujaba al valle, en su caída engordaba y engordaba hasta casi hacer boom. Esa bola de nieve rellena de estupidez, estulticia y borrachera de falsa sapiencia ya estaba a punto de reventar cuando, de repente y gracias a un segundo de humildad, ternura impuesta y sensatez tuneada, transformó lo que iba a ser un desastre terminal, con consecuencias propias de bomba de racimo, en algo más comedido, en sustancia de petardo de fiesta de barrio con leves daños colaterales: un ruido más elevado de lo habitual, un cabreo callejero de papá asustado, un perro con el rabo entre las patas a punto de ser atropellado por coche que pasa y una quemadura en camiseta blanca, desgastada y sin planchar. Los mismos que eligieron al que propició el traspié origen de la bola de nieve han sido los arquitectos de las disculpas trasladadas ayer en cadena radiofónica de la misma cuerda.

A ese señor bajito y barbudo, de incuestionable inteligencia potencial, que esto no se discute (ya lo dijo el jefe, que lo poco que habla va a misa), le falló hace unos días la más mínima decencia, la más mínima cordura, la más mínima clase. Ese señor bajito y barbudo, el más tremendo y lujoso de los negociadores españoles en el gallinero del Consejo, el que lo consigue todo y más, tuvo un revés que la demora en la reposición verbal ha convertido en imperdonable y ha acentuado la inexistencia de cordura, elegancia, equidad y respeto, mucho más si el ataque se monta, como así fue, contra una mujer. Hasta aquí, todo claro, y muchas gracias por las disculpas de fusil con millones de horas de retraso. Tan tardía ha sido la rectificación que por poco explosiona aquella bola de nieve aniquiladora, pues ha sido a toque de bocina como usted se ha salvado de la quema. Ese señor bajito y barbudo llevaba días escondido para evitar dar explicaciones, para no tener que activar la marcha atrás, para no quedarse más desnudo tras hacer uno de los mayores ridículos que puede cometer un cargo público. El error de ese señor bajito y barbudo activa una ristra de preguntas: ¿es razonable que alguien así represente a personas respetables y bien ordenadas en el trato humano?, ¿merece la pena que ese candidato u otros con deslices similares (hay más de la cuenta) obtengan el premio de la política por la vía del voto ciudadano?, ¿no debe ser el ejercicio de la elección libre el mejor instrumento para castigar tales salidas de tono?, ¿qué galardones quedan por conceder a seres ajenos a la humildad y al ejemplo público hacia el respeto?… Todos estos interrogantes, y muchos de su igual, tienen la misma respuesta: hay un único desenlace. Usted verá…

@gromandelgadog