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Primero fue el Canalejas – Por David Sanz

   

El filósofo Antonio Escohotado, en el tema Nunca es igual, de Andrés Calamaro, cierra la canción con una disertación donde, entre otras cosas, describe una anécdota que es toda una lección sobre cómo debe ser el liderazgo: “Cuentan de Alejandro (Magno) que una vez se metió en un río tumultuoso de la India, lleno de barro, persiguiendo al ejército que peleaba con él, y cuando iban a la mitad, los caballeros perdieron el pie. Aquellas aguas estaban heladas. Y se volvió a sus compañeros, y les dijo: Me cago en la leche, os dais cuenta de las cosas que tengo que hacer para que me tengáis respeto. Eso pasa poco ahora. Respeto”. Al revés que Alejandro Magno, en el PSOE canario funciona un liderazgo que brota de la imposición y la fuerza, que antes del reconocimiento y el respeto persigue el acatamiento por el temor y la imposición; una forma de gobernar vicaria, en lugar de bajar a la arena, enfangarse y ganar sobre el terreno la confianza y la estima de sus compañeros en el trato cercano. Este es el auténtico meollo de la crisis política que ha acabado haciendo saltar por los aires al PSOE en La Palma y no otro.

La ausencia total y absoluta de la persona que está al frente del PSC-PSOE en Canarias, José Miguel Pérez, de todo lo que no sea el coche oficial, las calles Triana y Castillo, y sus aledaños. Al revés que el Rey de Macedonia, cuentan del secretario general del PSC-PSOE que un día le hablaron de Abilio Reyes Medina, exalcalde de Garafía durante cerca de un par de décadas, es decir, uno de los históricos dirigentes del socialismo palmero. Y su respuesta fue: “¿Quién es ese Abilio?”. Esta anécdota, que le costaría el puesto de entrenador al Cholo Simeone en el atleti si no supiera quién es José Eulogio Gárate o Luis Aragonés, es la muestra más clara del perfil de este gobierno orgánico completamente ausente y al margen de la realidad de su formación política, encapsulado en un despacho y alérgico a todo lo que no sean las capitales de provincia. Con todo, habrá que suponer que estará satisfecho de lograr lo que había anunciado: resetear el partido en La Palma. Esto solo lo había logrado durante la centenaria vida del PSOE el general Franco, borrar del mapa casi en su totalidad a la militancia socialista de la Isla. En el caso del dictador fue a cañonazos con el barco Canalejas. Ahora, en esta presunta democracia de partidos, ha sido a base de expulsiones sumarísimas. Un modelo de buen gobierno.