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Primero de mayo – Por Antonio Casado

   

De la tradicional convocatoria sindical con motivo del Primero de Mayo, fiesta de los trabajadores, me quedo con cuatro moralejas. La primera, su inevitable comparación con el coincidente fenómeno vacacional del “puente”. La segunda, su devaluada capacidad de convocatoria, achacable a las grandes centrales sindicales. La tercera, el mensaje elegido este año: sin empleo no hay recuperación. Y la cuarta, la desalentadora reacción de los sindicatos frente a los escándalos de corrupción en los que aparecen implicados. El jueves salieron a la calle dos Españas diferentes. Una de las dos parece más real que la otra: la de los atascos kilométricos a la salida de las grandes ciudades. La otra es la de las marchas del Día de los Trabajadores. Aquella, optimista y no generalizada, pues no todos los españoles se pudieron permitir la escapada. Y esta, pesimista, pero sin representar a quienes están realmente atrapados en la triple “p” de paro, precariedad y pobreza. En los medios informativos, no solo los de probada cercanía a la causa conservadora del Gobierno, se destacaba ayer que no se habían cubierto las expectativas de asistencia a las marchas convocadas a lo largo y ancho del país, incluida la de referencia, en Bilbao, con asistencia de los secretarios generales de UGT y CC.OO., Toxo y Méndez, respectivamente. Cierto. La llamada pudo menos que la primavera y el mal cartel de los convocantes en un país todavía de clases medias y creciente escepticismo frente a sus representantes políticos y sindicales. En cuanto a los contenidos de las marchas del Primero de Mayo, se gritó que sin trabajo no hay autoestima ni socialización de las personas. Y que sin crear puestos de trabajo, o con trabajo tan precario como el que se está ofreciendo, no cuela el discurso oficial sobre la salida de la crisis. Eso es rigurosamente cierto, lo digan los sindicatos o su porquero, porque galopa sobre datos fehacientes. A saber: en la primera parte de la legislatura se han destruido 1.200.000 puestos de trabajo. Si en la segunda se van a crear 600.000, según el ministro De Guindos, significa que terminaremos la legislatura con 600.00 puestos de trabajo destruidos en este mandato político. La última consideración que me suscita este Primero de Mayo es la reacción que han tenido los dirigentes sindicales respecto a los casos de corrupción que les afectan. Ninguna diferencia con la pobre réplica argumental que dedican los partidos políticos a eludir sus responsabilidades en casos similares. Recuérdese al PSOE envolviéndose en la bandera de Andalucía por los escándalos que afectan a la Junta o al PP diciendo que Gurtel es una trama “contra el PP”. Bueno pues a los dirigentes de los sindicatos no se les ocurre otra cosa que denunciar una campaña de desprestigio contra el movimiento sindical. Desalentador, ¿no creen?