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Querer es poder – Rosa Villacastín

   

Del fútbol me gusta la pasión que genera entre los aficionados, el comportamiento de algunos jugadores en el campo -con sus compañeros de equipo o del contrario-, y por supuesto el de los entrenadores de los dos grandes equipos madrileños Ancelotti y el Cholo Simeone. Tan distintos en la forma y en el fondo, pero a los que hay que agradecer que hayan logrado lo que parecía un imposible antes de su llegada a Madrid: que las hinchadas se sientan orgullosas de sus jugadores, que la armonía reine en los vestuarios, y que el buen juego se imponga tanto en el Bernabéu como en el Calderón.

Una tarea que parecía imposible hace tan solo un año, si tenemos en cuenta el mal ambiente que se respiraba en el Real Madrid durante la etapa, felizmente superada, de Mouriño. Un entrenador al que le puede la vanidad y el afán de protagonismo, que basa su trabajo en llevar a cabo una política de enfrentamiento con todos y contra todos, que no dudo que le de réditos entre los más extremistas, pero que le descalifica como deportista. De ahí el mérito de Ancelotti, sereno, prudente, educado, al que da gusto oír lo que dice en las ruedas de prensa, y al que no le cuesta reconocer el buen juego del contrario sin por ello tener que descalificar a los propios, o viceversa.

¿Y qué decir del Cholo Simeone? Solo decir que lo que este hombre ha conseguido con el Atlético de Madrid, es obra de un gran deportista, de una persona que sabe cómo tocar la fibra más sensible de sus jugadores hasta convertirles en los grandes futbolistas que hoy son. Como lo vienen demostrando desde el inicio de la temporada, animándoles a jugar ese “partido a partido”, con ilusión, aún a sabiendas de que la tarea que tenían por delante era muy difícil y exigía grandes sacrificios. A mí me gustaría, y estoy segura que a mucha otra gente también, que ahora que comienza la precampaña electoral, los candidatos de los dos grandes partidos se abstuvieran de poner en marcha el ventilador de la mierda, y se esforzaran en explicarnos cuáles son las ventajas de estar en la Comunidad Económica Europea, en qué les favorece a nuestros jóvenes a la hora de encontrar trabajo, y si nuestro voto servirá para parar los recortes que nos imponen desde Bruselas o no.

No creo que sea pedirles demasiado a Valenciano y a Arias Cañete, ya que sería la única manera de animar a los ciudadanos a acudir a las urnas. Querer es poder, y hoy más que nunca a los políticos les exigimos que sean honestos, que no prometan lo que no puedan cumplir, y que se impliquen hasta la extenuación de igual manera que lo han hecho Ancelotti y Simeone, si quieren ganarle este partido a la abstención y a los extremistas.