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el revés y el derecho>

El revolcón – Juan Manuel Bethencourt

   

Estas líneas, destinadas a ser publicadas en domingo, son escritas, querido Juan, a mediodía del viernes, es decir, en la festividad de nuestra tierra, el Día de Canarias. Coincide la efeméride (pasada, eso sí, por agua en La Laguna), además, con la resaca de las pasadas elecciones europeas y sus análisis múltiples, incluso, ya se ve, con repercusión en la cúpula de varias organizaciones políticas. Aprecio una tendencia que particularmente no me gusta, aunque la respeto. Se trata, tampoco es una novedad a escala europea e incluso planetaria, de la creciente polarización del debate político, lo cual a su vez tiene su reflejo en los medios de comunicación, que en ocasiones se ven acosados por la exigencia no de analizar la realidad, sino de interpretarla a gusto de una audiencia adicta a las lecturas parciales. Pero en este oficio se trata de informar, no de afirmar. Los ejercicios de autoafirmación quedan para la política pura, es decir, para la actividad a la que me dedico en la actualidad. Creo que a los nacionalistas canarios nos corresponde producir una profunda reflexión sobre el veredicto de las urnas recientes, tanto en el resultado del escrutinio como en la elevada desmovilización que se ha producido, y que sin duda ha perjudicado a las siglas en las que milito. Hay una lección muy interesante y provechosa que tomar de todo esto, y es que nunca hay que dar nada por supuesto, porque en política a veces se piensa que todo el pescado está vendido, y es el elector quien tiene siempre la última palabra. “Los bancos tienen el dinero, pero el pueblo tiene el poder”, me dijo un interventor de Coalición Canaria en La Rúa la noche electoral, y tiene toda la razón. Porque, eso debo decirlo, en mi organización política sobra la gente que cree en la democracia genuina que se pone en movimiento no cada cuatro o cinco años, sino todos los días. Vamos a aprender las lecciones de este revolcón, porque, además, tenemos el claro propósito de hacerlo. Y porque además queremos, sabemos y, sin ironías, también podemos.