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Sabios e ignorantes – Por Jorge Bethencourt

   

Un grupo de científicos ha logrado crear una forma de vida: una copia sintética de un cromosoma. Los medios lo han vendido como la repampanocha. Pero la gente está educada y sabe que si el tema fuese realmente importante no abrirían el informativo con el discurso de Rajoy sino con lo del jodido cromosoma, que nadie sabe lo que es.
La ciencia persigue desde hace años la creación de la vida. Es decir, hacer que exista algo animado partiendo de lo inanimado. Dios, dicen, lo hizo soplando en una pella de barro para hacer un mono. Habría que verlo sobre el Parlamento. Ahí le quisiera ver yo el soplido. Ahora llegan los frikis estos y dicen que pueden clonar ovejas, hacer el mapa genético de un humano o sacarse un cromosoma del sombrero.

Un ministro -por tirar a lo más alto- apenas tiene el doble de genes que una humilde mosca del vinagre. Toda forma de vida, incluidas las formas más simples, como un ministro del vinagre, digo mosca, es un milagro de complejidad que la ciencia ya ha logrado desentrañar. Con el software se puede fabricar el hardware.

Que los nuevos dioses hayan fabricado vida sintética ni siquiera abre los informativos. Ha tenido menos repercusión que aquel famoso bosón de Higgs, que era como los pactos de Gobierno en Canarias, una partícula que está y al cabo de unos pocos millonésimas de segundo ya no está.

Todos los días nos desayunamos con cosas de las que no tenemos ni zorra idea. Ni los que nos la cuentan ni nosotros. Hoy nos hacemos expertos en los sistemas de enfriamiento del núcleo de un reactor atómico de Fukushima y mañana en la técnica del fracking para la extracción de hidrocarburos no convencionales. El tolete del vecino es capaz de disertar en el bar, a voz en grito, que los ordenadores cuánticos están ya al caer y que son ordenadores de cartón con un gato y un frasco de veneno dentro. El universo igual no es infinito, pero la ignorancia si.
Parece que vivimos en la sociedad del conocimiento. Pero sólo lo parece. Somos una sociedad de brutos tecnológicos que no sabría ni encender un fuego sin mechero. Nunca tan pocos supieron tanto. Y nunca tantos supieron tan poco. Ambas premisas se cumplen en esta aldea global tan llena de aldeanos.