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Salvemos a las abejas – Por Félix Díaz Hernández

   

Cada cierto tiempo, ya sea desde documentales de La 2, sesudos artículos científicos o reportajes periodísticos, con mayor o menor espíritu divulgativo, se nos recuerda el riesgo que se nos viene encima por los niveles de merma y desaparición de las poblaciones de abejas. Pudiera parecer un asunto banal la extinción de estos bichitos cuya descripción científica, y casi poética diría yo, se apoya en que se trata de insectos “antófilos”; es decir, que aman las flores. Pero no, se trata de un asunto de bastante más envergadura, puesto que se pone en solfa un eslabón de la cadena fundamental para la polinización de las especies vegetales que, directa o indirectamente, nos alimentan a todos. La causa de esta zozobra que pocos sienten se sustancia, en su mayoría, en el indiscriminado uso de pesticidas y venenos de todo tipo que espolvoreamos al aire, al agua y a la tierra. Con suma alegría cualquiera puede disponer de estas armas de destrucción masiva en un supermercado o ferretería, desencadenando una hecatombe invisible. Sin embargo, no sentimos ningún tipo de pesar por este hecho, al final para muchos la fruta o la verdura están a una estantería de supermercado de distancia, y añado yo, aunque esos productos vengan desde el otro lado del planeta.

Si me apuran, incluso habría que salvar, proteger y hacer propias de los humanos otras cualidades que también se atribuyen a las abejas, como la cooperación, capacidad de trabajo y laboriosidad por el bien común y la supervivencia de la especie. Cuando vean una abeja a su alrededor alégrense, dentro de poco va a ser como encontrar en su hábitat a un tigre de Bengala, un oso polar o una morsa del Pacífico. Por mi parte voy a ir encargando mi camiseta reivindicativa: “Salvemos a las abejas”.

@felixdiazhdez