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Que se lo hagan mirar – Por Fran Domínguez

   

Era lo de esperar en este país cainita, demagógico y anticatártico. Qué mejor respuesta a la desganada ciudadanía que tirarle de las orejas por la querencia al abstencionismo y arremeter de paso contra los nuevos enemigos: las formaciones secundarias, minoritarias o alternativas -como las quieran llamar-, en especial una, Podemos, la gran sorpresa española de los pasados comicios europeos. A algunos le ha faltado tiempo para demonizar a este partido y a su líder, en un ejercicio poco elegante a la par que lamentable y en las antípodas de cualquier atisbo serio de autocrítica y de reflexión -más allá de generalidades poco creíbles-, que es lo que se exige a quienes salen algo traspuestos y magullados de la contienda electoral. Otros, lejos de emprender un proceso reformador y posibilista acorde con la coyuntura actual, se dedican a marear la perdiz sobre la forma y el cómo de sus procesos de elección interna, sin tener en cuenta que tal vez estén perdiendo el tren y, lo que es peor, su propia identidad como fuerza política. Los tiempos están cambiando y los partidos tradicionales no saben o no pueden tocar las teclas para activar e ilusionar a unos ciudadanos cada vez más recelosos, desencantados y hastiados (pongan ustedes el orden que quieran a estas palabras). La política ha iniciado su andar por otros derroteros, la gente no cree ya en monsergas ni en imposturas. Las redes sociales, y la consiguiente opinión activa, ocupan un papel importante en el intercambio de pareceres y propuestas, y no como meros vehículos propagandísticos. Si los grandes partidos no hacen propósito real de enmienda y emprenden una regeneración sincera tanto de caras como de ideas, democratizan al máximo sus estructuras orgánicas, abandonan pleitesías, bajan a pie de calle y toman buena nota, todo barrunta a que el panorama se les presente algo complicado, máxime en un escenario que se presume variopinto y diverso para las próximas elecciones generales (más que en las locales, en las que se manejan otras claves), sobre todo si hay un repunte de la participación, en la que estas formaciones secundarias, minoritarias o alternativas -como las quieran llamar- serán las grandes beneficiadas del descontento generalizado y de la desafección ciudadana, preconizada ya en movimientos como el 15M, del que muchos se consideran herederos pragmáticos. Así que, si alguno no lo ve, pues que alguien se lo haga mirar, que desde luego no es ninguna broma y sí un aviso.