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El secuestro de niñas nigerianas – Por Julia Navarro

   

Sobre el caso del secuestro de las niñas nigerianas, son más las preguntas que las respuestas. ¿Cómo es posible que tres semanas después de su desaparición apenas tengamos noticia de las 223 estudiantes secuestradas por un grupo armado de la secta islamista que se hace llamar Boko Haram? ¿Cómo es posible que hasta hace pocos días las noticias del secuestro apenas tuvieran reflejo en los medios informativos del llamado Primer Mundo?

¿Por qué han tardado tanto las autoridades de Nigeria -y las del resto del mundo-, en hacerse a la idea de que el secuestro de este grupo de niñas de entre doce y catorce años -a las que sus captores amenazan con vender como esclavas- es un crimen de lesa Humanidad?

¿Para qué sirve invertir millones y millones de dólares en satélites espías y en sofisticados sistemas de comunicación si entre todas las agencias de espionaje mundial -desde la NSA a la red Echelon- no son capaces de detectar dónde se encuentra esta partida de criminales que graba videos amenazantes y los cuelga en YouTube? Hoy sabemos que ante la incapacidad del Gobierno de Nigeria para afrontar esta crisis, tanto la Casa Blanca (presidente Barack Obama), como El Elíseo (presidente François Hollande) se han ofrecido para colaborar en la búsqueda de las niñas secuestradas pero, visto el fanatismo del grupo, sus amenazas y el tiempo transcurrido desde que se produjo el secuestro, podría ser que la ayuda llegue tarde.

Ojalá que no sea así y que el grupo de rescate que parece que ya está en marcha consiga liberar sanas y salvas a estas niñas que están siendo sometidas a un calvario que marcará el resto de sus vidas. Por lo demás, y visto que los secuestradores se proclaman seguidores de las enseñanzas del Islam, se echa de menos una condena tajante del secuestro por parte de las autoridades religiosas. Desde las de Arabia Saudí a las de la propia Nigeria pasando por las de otros países africanos de mayoría islámica como Marruecos, Egipto o Sudán. Estremece tanto silencio ante un hecho tan execrable.

La verdad es que en todo este asunto son muchas las iniciativas que se echan de menos. Me pregunto -es sólo otro ejemplo-: si el caso habría tenido el mismo tratamiento informativo en el supuesto de que las niñas secuestradas hubieran sido europeas o norteamericanas. ¿Habrían tardado tanto los políticos -y los medios- en reaccionar?¿Habrían esperado tanto? No sé. Ya digo que en este caso, de momento, son más las preguntas que las respuestas.