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Sentidos selectivos – Por Félix Díaz Hernández

   

Sensaciones en ebullición; comentarios sin respuesta; sonrisas que lo ocultan todo; cruce de caminos y miradas en las que, aunque se oyen, sobran las palabras. La paz llega cuando junto al armisticio miras a tu lado y allí sigue. Librar batallas cada día en las que no te juegas nada y al final, al retirarte cansado al campamento, comprobar que en tus pensamientos pocas personas se mantienen, perduran perennes a pesar de todo.

Existen oportunidades para demostrar esta fidelidad, en apariencia innecesaria, que se nos ofrecen cada día. El compromiso adherido a los afectos, aunque a no a todos, se vislumbra como una cualidad cuando debería ser la sustancia de cualquier relación de confianza. Lástima que las palabras hayan sido maniatadas por el abuso y la violación de su verdadero significado.

La fiebre de la banalidad lo inunda todo; las conversaciones interminables en las que un grupo de individuos no dice nada se han constituido en un monumento a las relaciones públicas, obra esculpida en una barra de hielo, cuando sabes que únicamente es una cuestión de tiempo que se derrita y acabes con los zapatos mojados. Se ametrallan tópicos por minutos, se redundan frases, pero a veces, entre toda la maraña nos salpica un sentimiento de verdad. Ese es el instante en el que deberíamos pausar el ritmo de nuestra frenética vida, congelar la imagen, grabar el audio y atender con todos los sentidos a la esencia de lo que se comparte. Debemos entrenar a nuestros sentidos para que capten esos fotogramas de la vida y separen lo esencial de lo superfluo. Así desperdiciaríamos menos el tiempo y revalorizaríamos la cotización de nuestra leve existencia.

@felixdiazhdez