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Terremoto político – Por Leopoldo Fernández

   

Un terremoto político. Un auténtico temblor para el sistema. Eso suponen las elecciones europeas del domingo. Han sido retrato fiel de un país dividido y a la deriva, expresión del desencanto de las masas populares, magnificación de las soluciones extremas, el triunfo del radicalismo, el castigo a los partidos de gobierno -a uno por lo que no hizo o hizo mal, el PSOE, y al otro, el PP, por su altanería y la mala explicación y gestión de la crisis y sus nefastas consecuencias sobre libertades, derechos, empleo y pobreza-. En medio quedan ensambladas la corrupción, el descrédito de la clase política, la falta de perspectivas de futuro y -si no se sabe actuar con mesura, sentido común y afán de consenso-, algo más que el dibujo de una crisis institucional que podría derivar en constitucional. Si resulta paradójico que gane el partido en el Gobierno -una excepción en Europa, junto con el triunfo de la señora Merkel-, es mayúscula la sorpresa del mayor castigo sufrido por el PSOE, dada su división y debilidad, su mala campaña electoral y la flojera de su candidata. El anuncio de un congreso extraordinario es la consecuencia lógica de la debacle; Rubalcaba estaba éticamente obligado a dar un paso al lado, aunque queda por ver si se mantiene neutral ante la elección de su sucesor en julio próximo y no trata de condicionar incluso las primarias de noviembre. Los dos grandes partidos han perdido cinco millones de votos en favor de grupos minoritarios de corte radical y antisistema por la izquierda, que ha recogido en Podemos buena parte de la contestación y las políticas utópicas y dogmáticas del 15-M. Pero no comparto la tesis de que ha muerto el bipartidismo; ha quedado muy afectado, sí, pero los resultados no son extrapolables a unas elecciones generales o locales y autonómicas, donde no existe la circunscripción única y los pequeños partidos suelen ser barridos, o quedar en testimoniales, por la Ley de d’Hont, que beneficia a los grandes, como ya ocurrió en otros comicios europeos. Europa queda muy tocada por el euroescepticismo y la xenofobia, con lo que la única salida visible será una coalición a la alemana de populares y socialistas a petición de la señora Merkel, que seguirá mandando en la UE y modificará muy poco, sí en las formas, sus políticas previsibles. En Canarias sorprende el triunfo popular en el conjunto de la comunidad y el socialista en Tenerife, en medio de tanta crisis de este partido, donde cae con fuerza el PP. CC vive una debacle de tomo y lomo, incluso en sus feudos de Santa Cruz y La Laguna y las sedes petroleras de Lanzarote y Fuerteventura, lo que deja a sus dirigentes sumidos en un mar de incertidumbres y con todas las posibilidades abiertas para las candidaturas de 2015.