X
Análisis >

De todo un poco – Por José Miguel González Hernández

   

Es probable que, en la actualidad, se quiera apostar por llevar a cabo transformaciones estructurales que ofrecerán un menor coste en lo que a su sostenimiento se refiere. Pero para que forme parte de un elenco de medidas eficientes, hay que procurar incorporar el concepto de equidad. Para evitar tal hecho y dotar de justicia social a las actuaciones políticas, deben dejar de verse como juegos de suma cero.

Para conseguir tal acción, el diálogo, la concertación y el acuerdo deben estar presenten en los procesos de negociación, porque cualquier atisbo de mejora puede verse relegado si no se afianza, debido a que estamos ante una estructura de comportamiento de los mercados que se basa en un precavido consumo privado alimentando el proceso de contracción de la inversión.
Junto a esto, la capacidad de la economía para generar empleo se detiene en un entorno de una evolución moderada de la población activa.

De ahí que se debe apostar por políticas económicas de reactivación de la actividad productiva mediante la mejora burocrática y fiscal de las empresas, junto a un mantenimiento de las políticas pasivas de prestaciones, así como tener que dotar de mayor progresividad tributaria el sistema fiscal. Para todo ello, claro está, es imprescindible un proceso de gestión compartida entre todos los niveles de la Administración pública, teniendo claro que el sistema de competencias delegadas debe llevar aparejado la financiación de éstas.

Ya en el campo de la política financiera, hay que utilizar las economías de escala que el volumen te permite; de ahí que los gobiernos y parlamentos centrales deban ser los agentes principales en lo que al mayor respaldo financiero se refiere, estableciendo la coordinación necesaria con la política monetaria.

Por otro lado, los gobiernos subcentrales deben una mayor capacidad innovadora e inversora al disponer de un mejor y más óptimo conocimiento acerca de la zona sobre la que actúa.
De esta forma, las medidas presupuestarias asignadas a todos los niveles siempre deben estar coordinadas entre sí, con el fin de evitar disfuncionalidades. En este sentido, y como objetivo imprescindible, la ansiada transformación productiva requiere de una reacomodación de la política económica en general.

El proceso de toma de decisiones políticas y económicas que hay que llevar a cabo debe establecer un modelo base que coloque a cada agente en las mismas condiciones de partida y no necesariamente en los mismos resultados obtenidos, dado que ahí es donde la heterogeneidad cumple su cometido.

No todas las regiones poseen ni desean un mismo estilo de desarrollo, y de él dependerán para obtener unos resultados u otros. De ahí que se deba llevar a cabo una modulación en la intensidad acompasada a los esquemas económicos y sociales en todas ellas, estableciendo los coeficientes de arrastre oportunos con el objeto de evitar situaciones indeseables de descuelgue. Es decir, debe existir una pauta tutelar en relación con la equidad de los integrantes como seguimiento del modelo para configurarlo con una mayor precisión.
Por eso, es necesario fomentar la creación de Europa como país y no como la suma de las partes, con el fin de configurarla como una entidad de referencia a escala mundial a través de una total inserción en el entorno geográfico, así como de una mejor y más eficaz integración del mercado interior mediante la adaptación especialmente en materia de accesibilidad económica y tecnológica. Será de esta forma cómo la cohesión económica y social europea pueda hacerse realidad, de la mano de la formación, el conocimiento y la inversión.
De esto es de lo que se tuvo que haber hablado, o defendido, en la campaña electoral a la que hemos sido expuestos, y no intentar excusar la solución de los problemas en las ineficiencias y en los obstáculos que el resto aporta.

*ECONOMISTA