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Urgencias – Por Paco Déniz

   

En los pasillos de urgencias del Hospital Universitario hay un ambientazo tremendo. Personas de casi toda condición, posición y dolor repentino se concentran en horas punta buscando que alguien le calme el dolor o le indique el origen del mal que le aqueja. No es una posición fácil, cuando uno está malito todo lo ve mal, muy mal, todo te parece poco, todo te parece un desastre. Y siempre es de noche, en urgencias siempre parece que es de noche.

El fin está cerca y tienes que ir encomendándote a los dioses para que te evalúen el currículum vitae por ver si escapas o no. Y entonces aparecen multitud de dioses corriendo de aquí para allá que pueden salvarte, riéndose entre ellos, comentándote un chiste, una frase cariñosa, abriéndote una vía, colocándote, y parece que la cosa se anima. Allí, aparcado en urgencias te enteras de cosas y el dolor se va disipando.

Grandes profesionales muy jóvenes, mujeres y hombres, estudiantes en prácticas pululan absolutamente organizados y van despachando según la gravedad de los casos. La gente lo sabe aunque siempre hay alguien que se queja de vicio. Alguien que quiere que se baje los impuestos pero quiere tener una sanidad impecable, en fin, alguien incongruente.

En mi última visita a los pasillos del dolor vi a una señora mayor con pinta de votar al PP quejándose de la cantidad de chiquillaje que allí había. No le gustaba ver a la juventud trabajando. Pero a mí sí. También estaba el machango de turno hablando alto para que todo el mundo lo oyera metiéndose con las pibas, y me acordé de una película en la que el bandido infiltra una droga en la vía. No obstante, abunda la gente razonable y educada. Cuando se está enfermo, debe ser porque dependes totalmente, la gente se vuelve más educada.

¡Tranquilo, mi niño, que vas a salir de aquí como una puncha! Paciencia. Y así, con comentarios reconfortantes, van pasando lógicas largas horas toda vez que en urgencias, pero también en todas las áreas de la sanidad pública, los recortes presupuestarios han sido brutales, y se obliga a los profesionales y a los enfermos a trabajar y a convivir en situaciones precarias y nada deseables.