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Vencedores y vencidos – Por Fermín Bocos

   

La abstención fue la opción política con más respaldo entre los electores del domingo y, en parte, explica el fracaso de los partidos mayoritarios. Los electores han dado un aviso muy serio al bipartidismo. En España y en el conjunto de la Unión. PP y PSOE, salen tocados. Entre los dos han perdido 5 millones de votos respecto de 2009. Es un aviso muy serio. Un correctivo tan severo encuentra explicación en varios registros. El primero de todos: el rechazo a la corrupción -populares y socialistas tienen casos abiertos y citas pendientes en los juzgados-. Después, cada uno lleva lo suyo. Si nos centramos en los resultados observamos que la victoria pírrica del PP es una amarga victoria. Los ajustes traídos por la crisis y los incumplimientos del programa con el que Rajoy llegó a La Moncloa, le han pasado factura. También sufrió una pérdida por su derecha (Vox, obtuvo un cuarto de millón de votos), pero la gran abstención de su electorado tradicional parece obra del descontento por las subidas de impuestos, la política quietista en relación con el desafío separatista en Cataluña o el peculiar sesgo de la política terrorismo. Hay que ser prudentes en las extrapolaciones -los electores no votan lo mismo en unas europeas que en las legislativas-, pero con todo, marcan tendencia. Y esa tendencia dice que con los resultados de ayer, en las próximas elecciones, el PP perdería el poder. Quienes ya lo han perdido casi todo, son los socialistas. El PSOE de Rubalcaba y Valenciano ha roto el suelo histórico del partido. Sólo en Andalucía, Asturias y Extremadura conserva arraigo. En Cataluña ha sido superado por Izquierda Unida. El descalabro ha sido tan fuerte que evidencia el error de haber optado por Rubalcaba como salida del zapaterismo. Cuando un partido pierde la conexión con la calle y opta por los juegos internos de poder está en puertas de perderlo todo. Sucedió en Italia cuando Bettino Craxi se empeñó en enterrar al histórico PSI. Si en Ferraz no cambian pronto y mucho, podrían seguir el mismo camino. En el caso de Rubalaba, interpretar lo que dice la calle, sería ceder el paso a otro y facilitar la renovación en la cúpula del partido. Por lo demás, tengo para mí que el triunfo indiscutible de Podemos es el esperable resultado de un movimiento que se inició con el 15 M y fue fermentando en el sufrimiento y la desesperanza de los parados, los desahucios, las hipotecas y los recortes en casi todos los registros del Estado de bienestar. Su triunfo también es una advertencia para Izquierda Unida que gobierna con los socialistas en Andalucía y permite el gobierno del PP en Extremadura. El tiempo dirá si es algo más que un voto de castigo al bipartidismo y a los políticos insensibles ante el sufrimiento de los atrapados por la crisis.