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Verbo sin ejemplo – Por Román Delgado

   

El resultado de las elecciones europeas del domingo pasado en España ha traído mucha cola y también ha puesto en funcionamiento la máquina de producir y vomitar excesos (hacía tiempo que esta fábrica no funcionaba a ritmo tan elevado) luego envasados como mensajes basura e impresos todos ellos con grafía del PP al margen: del partido que hoy gobierna el país con mayoría absoluta y el que más se ha prodigado en esa actitud de choriceo extravulgar contra una de las formaciones que salió victoriosa en aquella cita electoral, Podemos. Tras la hecatombe del bipartidismo en España; o sea, tras los malísimos apoyos globales logrados por el PP y el PSOE, la falta de clase de algunos, por no decir otras cosas más duras y menos agradecidas, ha resplandecido en tiempo récord y ello ha servido para reconfirmar que hay mucha gente, personas del aparato y aparatosas, que sabe encajar muy mal las victorias que son derrotas y los logros o alumbramientos ajenos. El listado de exabruptos es muy amplio, más de lo que debe corresponder a un país con Gobierno y partido seguidor que se las dan de defender hasta la muerte la democracia, de ser generadores de ejemplos universales, de poner en práctica un sinfín de aptitudes y de contribuir a la potenciación de las libertades, sobre todo en algo tan esencial como el ejercicio de la comunicación y la opinión libres, para lo que es crucial el uso de un lenguaje ajustado a la decencia democrática, o algo así, y además por todos los bandos, sin excepción. Por esto no se explican las barrabasadas que canturrea gente del PP o cercanas a la formación, como, por ejemplo, eso de que “aquí, en Madrid, hay de todo; todos los frikis acaban planeando sobre Madrid”, dicho por Pedro Arriola, sociólogo de cabecera de ese partido, sobre Podemos. Pero no ha sido lo único digno que hemos escuchado o leído estos días, pues Carlos Floriano, en una arrebatadora y entusiasta declaración, señaló que “esta gente [los de Podemos] es de asaltar el Congreso; este es el perfil. Los que rodearon mi casa”. No fue lo único que salió por su bocaza, que el hombre debía estar muy cabreado al no entender que mucha gente dejara de utilizar la papeleta del PP y optara por alzar otras. Floriano mostró enorme desencanto y “preocupación” porque “más de un millón de personas haya votado a un partido que tiene como modelo a la Venezuela de Maduro o al castrismo de Cuba”. Y no contento con ese atentado verbal, que a esto se llama hacer amigos o vendimiar con todo para la canasta, se refirió a Podemos como una formación de “ultraizquierda”. ¿Y qué…? La verdad es que no esperaba cosas menos llamativas del señor Floriano, que, cada vez que abre el pico, jamás atina con el encanto. Tan joven y tan radical; tan peleón y tan camorrista. Así es este Floriano, una especie de espantapájaros del voto al PP que se disfraza cada vez que puede de defensor de la democracia y las libertades, y bla y bla y bla… “La ley les importa poco”, otra ocurrencia. Floriano necesita un calmante, o a lo mejor le vale con un buen curandero. Él verá.