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La última>

Vida cara – Por Jorge Bethencourt

   

Las dos capitales canarias, Las Palmas y Santa Cruz, están entre las cinco más caras de España a la hora de hacer la compra de productos básicos para un hogar. El dato acojona. Todo ese discurso de la ultraperificidad, de la singularidad canaria, de lo lejos que estamos, se va a freír puñetas. Porque ser ciudadano en Canarias significa pagar un costo de vida superior al del continente, sin los servicios del continente. Durante décadas las Islas Canarias han recorrido el camino del descenso al infierno fiscal. Renunciamos a nuestras libertades comerciales y tributarias para situarnos dentro del mercado europeo y poder exportar sin trabas aduaneras nuestros productos agrarios e industriales. La pena es que no somos una potencia agrícola ni industrial. Le dimos la espalda a siglos de tradición librecambista para integrarnos en el modelo continental. El resultado es que hoy Canarias está entre las seis regiones con el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) más alto para las rentas medias, tiene salarios de los más bajos de España, una cesta de la compra de las más caras del país, una de las mayores tasas de paro de Europa… Pero aquí no se mueve ni un pelo. El estado fiscal es más importante que el desarrollo. El hoy es más relevante que el mañana. El horizonte con el que se analiza los problemas no va más allá de los cuatro años de legislatura y el que venga después que arree. Por eso vamos ya por el billón de euros de deuda pública. Porque lo van a pagar otros. Patada a seguir. En Canarias hemos perdido la cualidad de ser ciudadanos de un archipiélago europeo situado al lado del continente africano. Aquí no hay redes ferroviarias de alta velocidad, ni grandes autopistas que nos conecten con el mundo. Se ha creado la especie de que somos una tierra subvencionada hasta el punto de que uno tiene que escuchar, a veces, a algún imbécil mesetario pontificando sobre lo que cuestan los canarios. Como si costaran más que la minería leonesa, los astilleros gallegos o la agricultura andaluza. Es tentador echarle la culpa a Madrid. A ese ciego gobierno que nunca llega a mirar a Canarias. Pero la triste realidad es que nosotros somos tan o más culpables. Este pueblo dormido y pasota ha dejado que le robaran su historia y le cambiaran el futuro. Pues que nos den.