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Wojtyla y Roncalli – Por Luis Ortega

   

Por primera vez, dos papas accedieron juntos a los altares y otros dos, Francisco, cuya popularidad crece a diario con su sereno reformismo, y el emérito Benedicto XVI, estuvieron en la ceremonia. El lombardo Angelo Roncalli (1881-1963) fue elegido a los setenta y siete años y tuvo un mandato breve -del 28 de octubre de 1958 al 3 de junio de 1963- y fructífero porque, pese a la oposición de la Curia, convocó el Concilio Vaticano II para ajustar la misión católica a los nuevos tiempos y ofrecer un ecumenismo desconocido y necesario; con su sencillez campesina ejerció un magisterio de diálogo y misericordia, próximo a los necesitados y, a la vez, defendió la paz con razón y energía y medió ante EE.UU. y la URSS en la crisis de los misiles de Cuba. El pontífice actual lo llamó “el Papa de la docilidad al Espíritu Santo, el Buen Pastor de la Iglesia”. El polaco Karol Wojtyla (1920-2005) habría cumplido hoy noventa y cuatro años y, desde hace tres semanas, se sumó al santoral junto a su cercano antecesor. La sorprendente elección del arzobispo de Cracovia se agrandó cuando, en honor de los tres últimos predecesores, y como anticipó Albino Luciani, adoptó el nombre de Juan Pablo II, “el Papa de la Familia” como proclamó Bergoglio. Protagonizó el segundo pontificado más largo hasta ahora -del 16 de octubre de 1978 al 2 de abril de 2005, veintiseis años largos, 9.666 días exactamente- sólo superado por Pío IX, que pasó con holgura de las tres décadas. Curtido en las dificultades y persecuciones de los católicos del Este y conocedor de los excesos comunistas fue “avanzado socialmente y doctrinalmente conservador”; y, también, un censor pertinaz de la Teología de la Liberación, nacida en Latinoamérica como frente ante las injusticias y la sangrante distribución de la riqueza; fracasó en sus intentos de acuerdo con el obispo Marcel Lefebvre (enemigo de la línea conciliar y fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X) a quien finalmente excomulgó en 1988. Experto comunicador y líder de masas, viajó en loor de multitudes por todo el mundo, multiplicó la lista de beatos y santos -en su mayoría contemporáneos y muchos de ellos víctimas de la Guerra Civil del bando nacional- y se opuso con todas sus fuerzas a la invasión de Iraq, que acabó en una guerra injusta e inútil. Hace unos días, un documental de la RAI nos recordó las biografías, y los paralelismos y diferencias entre los dos Vicarios de Cristo más populares e influyentes del siglo XX y, acaso, de la historia, como pruebas palpables de percorsi diversi e validi della santitá.