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Abstención agradecida – Por Jorge Bethencourt

   

La abdicación del rey es como la dimisión del gerente de una churrería. O se la aceptas y se va el hombre con viento fresco o no se la aceptas y se queda al frente del chiringuito vendiendo churros. Así que quienes piensan votar en contra de la abdicación, como han anunciado, estarán pidiéndole a Juan Carlos I que siga al frente del quiosco. Eso es, literalmente, lo que significará su voto.

Otra cosa es la abstención que no es ni votar a favor ni votar en contra. La abstención es al parlamento lo que una respuesta palmera a una conversación. Tu le dices a un palmero: “!Qué reloj más bonito¡ ¿Dónde lo compraste?”. Y lo normal es que te responda “¿qué pasa, es que no puedo tener un buen reloj?”. O “¡pero si es baratísimo!”. O lo que es lo mismo, que será habitual que la respuesta no tenga nada que ver con la pregunta.

El consejo político nacional de Coalición Canaria, que es como se denomina a la reunión de las cabezas de pescado del banco canario macaronésico (protegido como LIC ultraperiférico por su rica biodiversidad nacionalista) ha decidido abstenerse en la votación donde se aceptará la abdicación del rey dando inicio al trámite de sucesión. ¿Y eso qué implica?, se preguntarán ustedes. Ni puñetera idea. Ni ellos tampoco. Pero viene a ser un sí pero no. O sea, un vale, vétete ya, pero yo no digo ni que te vayas ni que te quedes. Ni que sí ni que no, sino todo lo contrario. Es decir, Coalición en todo su esplendor y gloria.

Porque ahí dentro en esas aguas en las que nadan espléndidos tiburones, elegantes y discretos mamíferos, bancos de viejas, besugos y pejeverdes de todos los tipos… ahí, decía, conviven tantas ideas diferentes que llamarlo potaje sería quedarse más corto que la tontona de un playmóvil.

El rey Juan Carlos I ha cometido muchos errores. Quién no. Pero si algo ha tenido el Jefe del Estado no electo es una especial consideración con Canarias. No hace demasiados meses los nacionalistas tocaron a su puerta para desbloquear las relaciones con Rajoy. La puerta se abrió, como siempre. Esta semana le pagan cerrándole su simbólico y solitario voto en el Congreso. Un gesto más feo que mandar a la abuela por droga.