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Adiós con el corazón… – Por Miguel L. Tejera Jordán

   

2014 se está convirtiendo en el año de mandarse a mudar. Dimitió el rey Juan Carlos (bueno, abdicó, que viene a ser casi lo mismo, con otras palabras). Dimitió Magdalena Álvarez, vicepresidenta del BEI. Dimitió el eurodiputado de IU, Willy Meyer. Anuncia su marcha Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general de la cosa socialista maravillosa. Se habla de que se dará el piro Ana Mato, ministra de Sanidad. Pero no se sabe si lo harán Cándido Méndez, Fernández Toixo, el presidente del Tribunal de Cuentas o el de las PYMES. Bueno, Magdalena Álvarez no es que dimitiera. Es que dimitió un minuto antes de que le dieran la patada en las nalgas, allí donde la espalda pierde su nombre, no porque De Guindos o Montoro la persiguieran para poner a uno del PP en su puesto (que también, también), sino porque está metida en un jaleo multimillonario que tiene que ver con su personalísima y supuesta implicación en el fraude de los eres andaluces. Lo que pasa es que Magdalena se cree que los ciudadanos somos tontos. Y se inventa la dimisión, cuando ha salido del BEI despavorida, perseguida por el uruguayo Luis Suárez, alias El Vampiro, que le quería morder en el cogote para chuparle la sangre y cobrarse, de paso, los más de ochenta mil euros de multa que le ha puesto la FIFA, una minucia comparada con los nueve partidos internacionales de suspensión y los cuatro meses de inactividad futbolística total que le han sacudido al delantero del Liverpool, al que se rifan Real Madrid y F.C. Barcelona.

Juan Carlos abdicó contra su voluntad porque, si no lo hace, le carga el muerto de la infanta Cristina a su hermano Felipe VI. Meyer se da el piro porque IU le ha visto el plumero y no le quieren en sus filas ni en pintura. Magdalena, ya sabemos… Y, Rubalcaba, porque, por fin, me ha hecho caso. Miren que le vengo diciendo que se vaya a pasear a sus nietos por Recoletos. Pero ni caso. Ahora no es que se vaya por la puerta grande, ni siquiera por la de servicio. Sino por la escalera de incendios, después de haber prendido fuego al PSOE. Y si no, a las pruebas me remito: candidatos sin perfil luchando por una secretaría general desde la que no resolverán nada. Al contrario. Lo echarán a perder todo.
En cuanto a la ministra de Sanidad y Servicios Sociales, la señora Mato, ya va siendo hora de que se largue: que hay tres millones de niños españoles pasando hambre sin que haya hecho nada por alimentarles. No sé que hará Rajoy: pero si sé que tiene espinillas purulentas en su consejo de ministros. Una es la señora Mato. Otro don Alberto Ruiz Gallardón, cuyo hijo está missing, seguramente comprando confetis para las fiestas infantiles de la primera. Del presunto incidente de tráfico del nene, nunca más se supo…¡Ay doña Esperanza Aguirre, cuánto hablaron de usted por motivos similares, o parecidos!
Adiós con el corazón, que con el alma no puedo…