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Agricultura, algo más que promesas – Por Wladimiro Rodríguez Brito

   

El sector tomatero canario se encuentra en una situación crítica. Solo en la isla de Tenerife hemos pasado de 130 millones de kilos producidos en 1995 a 15 millones en 2013. Hemos perdido en esta isla más de 7.000 puestos de trabajo directos y en toda Canarias más de 15.000. La situación actual es de difícil explicación ya que contamos con agua, tierra para cultivar y todas las infraestructuras necesarias para la exportación, así como un mercado que sigue demandando nuestros tomates.
¿Qué es lo que falta? Pues falta compromiso político por las administraciones: gobiernos de España y de Canarias. El Gobierno canario ha cumplido en parte, pero desde Madrid aducen que su compromiso no se puede cumplir por falta de recursos. Todavía se mantienen algunas ayudas europeas, pero eso no quita que sea lamentable una actitud política poco responsable con el sector primario.

Mientras la Unión Europea cumple, Madrid nos deja una vez más en el limbo. A pesar de los 260 millones de euros anuales que pone la Unión Europea para la agricultura canaria, el sector no despega. Estamos perdiendo superficie cultivada incluso en el sector más mimado, el plátano. Hemos pasado de 356.000 toneladas de tomates, en la temporada 1995/96, a 94.000 toneladas el pasado año. En el caso de la leche, hemos disminuido la producción en más del 30% en estos últimos años; en carne, el 11%; en huevos, el 23%; en hortalizas y legumbres, el 18%, etcétera.

La población activa en el campo cada día envejece más: el 70% de ésta supera los 50 años y son escasas las incorporaciones de jóvenes al campo. El abandono de tierras de cultivo prosigue: es lamentable el estado de los invernaderos abandonados en Arico, Granadilla, Santiago del Teide, Santa Lucia, etcétera.
Otro campo es posible, posible y necesario. En muchos países de la Unión Europea, sus agricultores perciben importantes ayudas, en muchos casos de más del 30% del producto final agrario. Pero a diferencia de nuestro caso, existe una política agraria de futuro: se incentiva la entrada de jóvenes, con más del 2% de los recursos comunitarios aplicados con esta finalidad, o se promueve la agricultura ecológica y biológica.

Debemos tomar medidas que fortalezcan nuestro sector primario a medio y largo plazo, y no limitarnos a conceder subvenciones sin ton ni son. Se deben controlar las importaciones de productos, sobre todo de terceros países, pero también de la Unión Europea, principalmente en aquellos que podemos producir en las Islas. Hay que tener en cuenta que en Canarias más de 60 millones de euros del REA se destinan a productos que pueden competir con la actividad agraria local.
Aunque parezca paradójico, se debe defender la agricultura al aire libre, a pesar de sus menores rendimientos. En Canarias hemos perdido gran parte de cultivos de plátanos al aire libre, reduciéndose paulatinamente el número de agricultores que cultivan fuera de invernadero. Prácticamente la mitad de la producción canaria se hace en invernaderos, pasando de más de 10.000 agricultores de plátanos a unos 7.600. El cultivo al aire libre tiene sentido si queremos potenciar la imagen de calidad de nuestro plátano. No solo se mantiene el paisaje y los métodos tradicionales, sino que además hay menor impacto ambiental y aumenta la sostenibilidad de las explotaciones agrícolas.

Debemos hacer una nueva política agraria que armonice la agricultura, el medio ambiente y la cesta de la compra. Parte del dinero del REA no se está gestionando bien y está distorsionando precios y mercados sin repercutir directamente en los precios. El REA ha contribuido a deteriorar gran parte de la producción local; las empresas importadoras y comercializadoras ha ganado la batalla a la agricultura de exportación, por no hablar de la ganadería, de la viña o de la horticultura de medianías.

El tomate no solo ha sido discriminado históricamente, sino que a día de hoy no ha recibido las merecidas ayudas del año 2013. Pero no hay que limitarse a poner un parche resolviendo esta situación, sino que hay que revisar la actual política de manera urgente. Nuestros campesinos merecen recibir justa recompensa del fruto de su esfuerzo, pero también el reconocimiento de su importancia en nuestra sociedad.

El sector primario en su conjunto debe ser ayudado y protegido, dada su importancia estratégica. El campo nos garantiza una menor dependencia del exterior en la alimentación, pero también un medio ambiente más equilibrado. La agricultura y la naturaleza se deben completar y no enfrentarse en un absurdo antagonismo inventado, propio de un proteccionismo ambiental alejado de los usos tradicionales de nuestro mundo rural.
*DOCTOR EN GEOGRAFÍA POR LA ULL