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sin pelos en las teclas>

Ayer y hoy, igual – Por Cecilio Urgoiti

   

A mí me tocó vivir la dictadura de lleno. Por mi edad conocí la cartilla de racionamiento, durante poco tiempo, pero en mi mente hay un vago recuerdo de la falta de cosas para comer, que no de hambre, pues no la pasé. Tal vez me privaron de caprichos que en mi casa no nos podíamos permitir, ya que la privación, fue nuestra constante. Al mismo tiempo, mi madre me instaba a que callara, que no chillara mis quejas al franquismo, que si actuaba así, me vendrían a buscar y me meterían preso. También me recordaba que yo debería ser prudente y callado. “Si algo piensas no lo digas; guárdatelo para tus adentros”, me recalcaba a cada instante de mi joven vida. Yo, como podréis comprender, a veces le hacia caso y otras, las más no. Ese silencio que mi madre me rogaba, lo he vuelto a vivir con la coronación y el decreto que impedía banderas y gritos a la Republica. Mi devenir diario de la época, pasó entre clases, estudiar, conversaciones políticas con personas mayores y otros no tantos. Recuerdo mis lecturas de filosofía clásica, de Karl Marx, El Capital y el Manifiesto Comunista. Otro autor preferido fue Lorca; obras como El Romancero Gitano, La casa de Bernarda Alba o Yerma. Me empapaba de revistas como La Codorniz, Triunfo, más tarde Cuadernos para el diálogo y muchos de los libros que desde la Editorial Losada, de Buenos Aires, nos llegaban vía Venezuela, al menos aquí en Canarias. Muchos interesantes, y otros auténticos tostones que en las trastiendas de la librerías nos recomendaban como lo mejor y nosotros ávidos lectores, nos los devorábamos buscando esa verdad que la sociología política siempre encierra para un principiante. En la época aprendí a jugar al dominó y al ajedrez, y lo hice viendo cómo jugaban los otros. Al dominó jugaban los mayores, y allí estaba la auténtica memoria de la guerra civil y los represaliados del franquismo, con los que te empapabas del necesario conocimiento que aun hoy guardo vivo en mí. Al ajedrez aprendí con mis contactos intelectuales de la época, a los que me uní para intercambiar libros y críticas de los libros, así como fundamentos políticos de democracia, que nunca viví hasta hoy en la práctica. Con ambos contactos, los del dominó y los del ajedrez, lo enriquecedor y primordial siempre fue el contacto y la tertulia política que acompañaba nuestras tardes y noches. Estos retazos de mis recuerdos de juventud me han servido para darme cuenta de que la constante de la vida en este país ha sido siempre la misma, que nada ha cambiado en absoluto y que desde el Golpe de Estado a la II República no hemos vivido con una democracia real y participativa, hemos sido víctimas de ocultismo y la mentira. Hoy, más que ayer, me siento igual de vigilado. Yo solo tengo un ruego, al que reina pero no gobierna: que se una a ese clamor popular, que no del partido popular e, inste al Gobierno para que convoque un !referéndum ya¡