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Blas de Lezo – Por Luis Ortega

   

Gratifican las acciones que insertan los fastos locales en la historia general. Como debe ser para la gente sensata y sin orejeras. Así ocurre con la muestra que, organizada por el Gabinete Numismático y Los Doce de Su Majestad, ocupa la Casa de Salazar durante este mes de junio. El largo título -La Guerra de la Oreja de Jenkins y don Blas de Lezo. Charles Windham, el último corsario inglés en la Isla de La Palma- revela su propósito y contenido, debidos, como otras meritorias actuaciones, a mi buen amigo Jesús Manuel Lorenzo, apasionado de la historia y experto en hacer de la necesidad virtud. En septiembre de 2013, la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados aprobó la ley que puso en valor la figura del marino Blas de Lezo y Olavarrieta (1689-1741), nacido en Pasajes y muerto en Cartagena de Indias, plaza que defendió con rotundo éxito frente al sitio de casi doscientos navíos de la Royal Navy, al mando del almirante Edward Vernon. Con escasa fortuna literaria, este vasco sirvió cuarenta años en la armada española, con relevantes misiones encargadas por Felipe V en el Pacífico y en el Caribe y un saldo absoluto de victorias, “tanto en batallas navales como en refriegas y represión de saqueos perpetrados por corsarios que actuaban en beneficio y nombre de la Corona británica”. Curiosamente, la recomendación de la Cámara Baja, sólo encontró eco en Cádiz y Madrid que, en el otoño de 2013, acogió en su prestigioso Museo Naval una exposición en homenaje a un valiente, cojo, manco y tuerto, apodado Mediohombre, que, “pese a sus carencias físicas, puso en jaque a los piratas y a las flotas reales europeas que actuaban del mismo modo en las posesiones de ultramar”. La capital palmera fue escenario y epílogo de la conmemoración de la llamada “Guerra de la Oreja de Jenkins” porque, entre el 7 y el 12 de junio de 1743, rechazó un ataque de Charles Windham, tras otra fallida intentona en la rada gomera. Con ese motivo y en coincidencia con el 325 aniversario del nacimiento del héroe vasco, Lorenzo reconstruyó los episodios castrenses y, con valiosas piezas documentales y numismáticas, paneles informativos y vistosos trabajos de maquetismo naval, colocó a Canarias en el contexto internacional del Siglo de las Luces. La idea y la exhibicón, con más apoyo moral que material por parte del ayuntamiento capitalino y el Cabildo, dan para más; incluso para regocijarnos con una coña palmera en respuesta al rancio y petulante patriotismo inglés. Ya la contaremos; entre tanto, bravo por la iniciativa.