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Cómic, móviles y hasta calzoncillos – Por Norberto Chijeb

   

El actual mandato, al que le queda menos de un año para su clausura, ha sido muy intenso en el Valle de Güímar. En concreto en los consistorios de Candelaria y Güímar, uno por el acoso judicial al grupo de gobierno y otro por las consecuencias de una moción de censura.

Un mandato que, además, no se recordará en absoluto por el progreso de la comarca, ni muchísimo menos, porque la parálisis ha sido casi total en inversiones, motivado por las grandes deudas contraídas por esos dos ayuntamientos -al que habría que sumar a Arafo, en la cabeza de los que más deben- y por la propia crisis económica y los mandatos de racionalización económica impuesta desde el Ministerio de Hacienda en Madrid.

Pero sobre todo serán recordado estos años por la gresca política vivida en los senos de las casas consistoriales de Güímar y Candelaria y por más de un escándalo que no terminarán de dilucidarse antes de las elecciones del cuarto domingo de mayo de 2015.

En Güímar, el llamado pacto antinatura entre populares y socialistas fue pasto de las llamas hace poco más de un año, cuando Carmen Luisa Castro decidió abandonar al socialista Rafael Yanes e irse con Coalición Canaria y Alternativa por Güímar para formar un gobierno tripartito con ella a la cabeza. “Tita -la anterior alcaldesa- le hubiera dado el visto bueno”, dijo entonces, algo que su exsocio, Yanes, ponía en cuarentena.

Desde aquel momento, los socialistas, sorprendidos y cabreados, no han hecho más que criticar toda la labor del nuevo gobierno, aunque Rafael Yanes ha estado más pendiente de la literatura y la política insular que de los dimes y diretes de su pueblo, en donde ha sido Carlos Romero, el principal látigo, en plenos y fuera de ellos, que los socialistas han utilizado contra un “triple ayuntamiento”, por aquello que Castro, Mederos y Alfonso han llevado con independencia sus áreas.

Más de un resbalón ha sufrido Carmen Luisa Castro al frente de la Alcaldía, pero no se le puede negar su ingenio y sus ganas de estar en el bautizo, la boda y el entierro, casi tanto como a Sixto Alfonso, a quien no nos cansamos de ver con su camisa a cuadros inspeccionando alguna pequeña obra, como tratando de ganar adeptos para una causa minoritaria, aunque decisiva en un pacto que tendrá complicado “venderse” dentro de un año si finalmente como se presume no salen adelante ninguno de los megaproyectos que la alcaldesa ha vendido para los hoyos del barranco de Santos.

Pero en esa batalla política librada entre socialistas y el tripartito, hay gestos que denotan un actitud cercana al resentimiento más visceral, como ese capítulo de mojar los móviles del Consistorios para no entregarlos al nuevo gobierno o que en ellos hubiera grabada alguna escena X como denuncia un asesor popular, muy activo en las redes sociales con improperios continuos hacia los líderes socialistas del municipio.

Unos insultos e improperios inhabituales en Güímar hasta hace poco, pero desgraciadamente muy propios de la vida política en Candelaria, en donde la templanza de su alcalde, José Gumersindo García, no ha bastado para impedir que un día sí y otro también se oigan lindezas sobre su gestión y la de sus compañeros, sujetos más a los vaivenes judiciales que a la propia gestión municipal. Un Consistorio con un secretario trancado, con un interventor que se quiere ir y no le dejan, un gerente que dicen es ilegal, un cómic bajo sospecha y hasta los calzoncillos del concejal de Cultura en discusión. País.