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De derrotas y victorias – Por Francisco Pomares

   

Paulino Rivero se agarró al teléfono en Washington DC (dónde ha ido probablemente a hacer algo importante para nosotros, porque el viaje se lo pagamos entre todos), para explicar a propios en Canarias y extraños fuera que el ministro Soria “ha ganado una batalla, pero no la guerra”. Poco a poco, al presidente Rivero le va cuadrando cada vez más ese estilo marcial y guerrero que contamina su lenguaje cada vez que hace una declaración pública. Metidos en guerra, lo del Supremo es una derrota, pero no una derrota inapelable, porque la sentencia no es definitiva. Según se encargó de aclarar el propio Rivero, no lo es porque aún está pendiente una nueva autorización que debe emitir el Ministerio de Industria, y porque el Gobierno de Canarias está decidido a recurrir el fallo del Supremo (supongo que ante el Constitucional) para pedir la suspensión cautelar de las prospecciones, y si hace falta se “pelará” en los tribunales europeos e internacionales. En fin, que no hay tregua. Yo creo que Rivero tiene perdida esta guerra y lo sabe perfectamente. Pero es que la guerra de las prospecciones no es la que a él le interesa. Soria quiere pasar a la historia de Canarias cómo el ministro que convirtió a las islas en una región petrolera, pero las aspiraciones de Rivero son menos trascendentes. Como diría el general Torrijos, el no quiere entrar en la Historia, sino en el Canal. En el Canal de una tercera legislatura. La pelea del petróleo esta perdida, pero quien la va a ganar -Soria- va a perderla políticamente en las islas, y el partido que preside -el PP- va a quedar aislado y sin grandes posibilidades de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas, en una región donde nunca nadie ha logrado mayorías suficientes para gobernar sin el apoyo de otros partidos. Personalmente no creo que a Rivero le motiven en este asunto concreto grandes preocupaciones ambientales o ecológicas: pero el petróleo se ha convertido en el mejor argumento de la serie sobre su Presidencia, que el quiere -de momento- llevar a su tercera entrega. Su oposición al petróleo le ha servido para movilizar a una ciudadanía bastante apática, para marcar la enemiga en Madrid, para reformar su alianza con los socialistas y para dar sentido a una etapa del Paulinato que sin la excusa del petróleo habría sido languideciente y oscura. La estrategia de oposición al petróleo, aunque no impida las prospecciones, ha sido el mayor éxito político de su carrera en esta última etapa. Mientras pueda seguir peleando, va a seguir haciéndolo. Por lo menos hasta septiembre.