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Estado de la cuestión – Por Francisco Pomares

   

En el PP andan preocupados con la economía, que no responde a sus expectativas: esperaban que el 2014 fuera el año de la recuperación, y al final sólo va a ser el año de la abdicación y la secesión. Intentan rentabilizar ambas cosas: el presidente del Gobierno se dirigió al país como telonero del Jefe del Estado, en un gesto o muy pensado o muy poco pensado. Y en materia de secesiones, ni un paso en dirección al diálogo con Cataluña: actuarán el 9 de noviembre, permitirán que se abra una grieta que tardará decenios en cerrarse y cosecharán votos por millones en el resto de España, porque millones de ciudadanos creen que los conflictos sólo se resuelven con palo y tente tieso.

El desastre de Cataluña, el desastre de España, puede acabar por convertirse en la salvación electoral del PP. El país responderá a un nuevo conflicto entre centro y periferia, entre el nacionalismo español y los nacionalismos vasco y catalán. El canario, una hora menos, es un nacionalismo de broma: está en la guerra de vivir de la solidaridad nacional, pero suma sus votos a quienes quieren liquidarla. Talento. En el PSOE andan perdidos. Permiten que sean los otros quienes les marquen la agenda. Una parte del partido se ha dejado arrastrar por el efecto Podemos a un absurdo debate simbólico entre monarquía y república, y el resto anda ocupado en resolver quien gobernará las ruinas que queden cuando la gente se vaya a otro lado. El socialismo español atraviesa la peor crisis desde Surennes, y creen poder solucionarla con más democracia interna. Pero el PSOE no necesita más democracia, de hecho, es víctima de un exceso de democracia mal entendida. Copian los formatos de la democracia parlamentaria, centrándose en los problemas electivos, y se olvidan de que a nadie le importa una higa como se gobierne el PSOE por dentro si el PSOE es incapaz de gobernar por fuera. Si no quiere desaparecer, lo que el PSOE necesita es volver a ocuparse de los problemas de la gente, no de los suyos.

Pero el PSOE sólo es una parte del gravísimo problema de la izquierda española. Con casi el 70 por ciento del voto en las pasadas elecciones europeas, la izquierda perdió estas últimas elecciones frente al PP, que obtuvo apenas la cuarta parte de los votos. La división de la izquierda española es responsable histórica de la derrota en la guerra civil, pero como eso nos queda lejos, también lo es de que un país mayoritariamente de centro izquierda sea gobernado recurrentemente por la derecha. Ahora la izquierda se mira en el espejo de Podemos, un fenómeno que representa el hastío por lo que hay y la fascinación por las soluciones milagrosas.