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Garafía también necesita ESO – Por David Sanz

   

Nos encanta coger el coche el fin de semana y visitar Garafía. Parece que entramos en otro universo, donde la naturaleza muestra sin complejos toda su potencia. También es desolador ver que cada vez está más despoblada y la edad media de los vecinos crece irremediablemente. La distancia, las comunicaciones tan complicadas, la falta de recursos, un conjunto de cosas que hacen que la vida en un paraíso natural se haga más compleja. La intención de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias de erradicar los dos primeros cursos de Educación Secundaria Obligatoria del colegio público de Santo Domingo es otro empujón más para que la gente, que pese a tantas dificultades que encuentra cotidianamente continúa viviendo en el municipio, termine por arrojar la toalla y abandone definitivamente Garafía. La Palma conserva un modelo de escuelas rurales, a pesar de los intentos que ha hecho la Administración pública autonómica desde hace más de una década por acabar con este sistema, que es ejemplar en Canarias.

Poco a poco han ido cerrando algunos de estos centros, pero la estructura se mantiene todavía con fuerza. De hecho, en la jornada de hoy celebran su día sin la presencia, como no podía ser de otra manera, del consejero de Educación, José Miguel Pérez, quien entiende la academia desde los impolutos claustros universitarios donde sentar cátedra y no le gusta mancharse sus inmaculados mocasines de la tierra de nuestros pueblos. Me ahorraré la metáfora política que esta realidad encierra. Pero los padres y madres de Garafía deberían invitar al consejero a que se ponga a esperar la guagua a las seis de la mañana en pleno invierno en Don Pedro, en La Mata o en Llano Negro, como pretende que hagan sus hijos a la edad de once o doce años. Seguro que se le iban a helar las ganas y las “razones pedagógicas” , esto es, económicas, de clausurar los estudios de Secundaria en el municipio. Santo Domingo debería seguir siendo una excepción en el modelo educativo y conservar la ESO como ha venido ocurriendo hasta ahora. Tanto por el bienestar de los alumnos y sus familias, como por su educación y el sostenimiento de un modelo social que todavía defiende la pervivencia de los núcleos rurarles. Si empezamos a expulsar de sus barrios a los más jóvenes, terminaremos por perder definitivamente la vida de estos pueblos, como tristemente está ocurriendo.