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Impagable ayuda – Por Jorge Bethencourt

   

Si el Gobierno de Canarias tuviera entrañas tendría que abrir expediente de honores y distinciones para Soria. El ministro, no la ciudad. Y nombrarlo hijo predilecto o premio Canarias de comunicación o lo que sea. Porque lo que ha hecho José Manuel Soria por este ejecutivo no tiene nombre, ni padre, ni perro que le ladre. En el lento y doloroso camino al Gólgota electoral, Paulino Rivero y José Miguel Pérez iban subiendo en un mustio silencio (estado natural de Pérez, por otra parte) roto tan sólo por los quejidos de un presupuesto desangrado y los lamentos de trescientos y pico mil canarios expulsados del trabajo. Vivían la dolorosa crucifixión de gestionar una crisis desde una parrilla donde se asaban a fuego lento todas las expectativas electorales de nacionalistas y socialistas. Y en eso llegó el comandante y mandó a parar. Que si los certificados de residencia en la boca. Que si la subvención a los tomateros al carajo.

Que si las tasas de los aeropuertos ahora no y después sí. Que si me paso por el refajo las subvenciones (disparatadas) a las renovables en las islas. Que si hay petróleo te lo comes te guste o no te guste… Poco a poco los fuegos artificiales han ido aumentando hasta llegar a una sólida descarga mediática y social que promete seguir creciendo. Y a todas estas, el PP de Canarias, obligado a defender a su presidente (que es el ministro) se ha ido aislando en una posición de enfrentamiento con los dos partidos del Gobierno de forma tal que se ha conseguido -dentro de lo inseguro que es hablar en Canarias de haber conseguido algo- que para gobernar en las grandes instituciones tenga que conseguir mayoría absoluta. Porque pactar lo va a tener tan crudo como el petróleo, si las cosas siguen como van. La campaña de defensa del medio ambiente y del turismo de Canarias frente al chapapote de Repsol no tiene precio. Le ha caído a Rivero y a Pérez como un maná en el desierto político por el que se iban arrastrando. Y encima, de propina, el PP de Baleares exhibe en toda su crudeza la incoherencia de la política según la geografía. Y lentamente el tema de las explotaciones de petróleo se ha convertido en un vía crucis pero para el Gobierno central. Lo dicho. Si tuvieran sentimientos, algo tendrían que reconocerle al ministro canario. Ingratos.