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Juan de Avis – Por Luis Ortega

   

En una popular almoneda del barrio de Triana encontré hace unas semanas un bello facsímil del Tratado de Tordesillas (primer documento de Iberoamérica y único español inscrito en el Registro de la Memoria del Mundo) fechado en junio de 2009 y editado con motivo de una exposición organizada por el Archivo General de Indias titulada El reparto del mundo ignorado. Por casualidad visité aquella muestra, abierta en coincidencia con una convención de la Unesco, y que tenía como pieza central el protocolo firmado por Juan de Avis (II de su nombre en Portugal) y los Reyes Católicos el 7 de junio de 1494. Entre sus cláusulas estableció con precisión las rutas de la expansión ultramarina de las dos naciones ibéricas, de tal modo que el hemisferio oriental quedó para la corona lusitana, más madrugadora en las industrias y actividades náuticas, y el occidental para el reino recientemente unificado de Castilla y Aragón. En la distribución de las tierras desconocidas de un planeta en expansión intervino de manera activa el papa Borgia Alejandro VI, con fuerte contestación por parte de los portugueses. Tuvo que ser Julio II el que ratificara el documento por el que las Islas de Canaria quedaron en la cuota española , como ya había fijado la Paz de Alcaçovas dos décadas atrás. El pacto de Toledo fue suscrito por Alfonso V, que ya meditaba su abdicación y retiro a un monasterio, y su ambicioso heredero, Juan II, llamado por sus súbditos el Tirano y por sus adulones y bien pagados biógrafos el Príncipe Perfecto, como supuesta e impropia inspiración del personaje paradigmático de Nicolás Maquiavelo. Los problemas y suspicacias provocados por el díscolo monarca -que eliminó a cualquier noble, cortesano o clérigo que le contradijera o hiciera sombra- se amortiguaron, aunque nunca dejó de lamentar y reclamar al papado la posesión canaria, estratégica para las navegaciones americanas, al igual que el archipiélago de Cabo Verde lo fue para las travesías hacia el Cuerno de África. El compromiso de 1479 se redactó sobre informaciones vagas, supuestas expediciones y noticias ambiguas, cuando el propio Cristóbal Colón, que residía en Portugal donde había contraído matrimonio, no tenía ningún crédito en los círculos monásticos -donde radicaba el poder científico- ni influencia en el círculo real; por el contrario, cuando se suscribió el documento de Tordesillas, por el empeño de Isabel la Católica y con el título de Almirante de la Mar Océana, ya había tomado las primeras posesiones al otro lado del Atlántico.