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“La historia aborigen de Canarias es totalmente desconocida fuera”

   
La periodista y novelista Emma Lira. | DA

La periodista y novelista Emma Lira. | DA

Por Verónica Martín

Emma Lira es periodista de profesión y, ahora, novelista de éxito. El día que la conocí fue en una comida con una de las escritoras con más seguidoras (y seguidores) del panorama literario del momento: Megan Maxwell. Pese a que la obra de ambas dista mucho entre sí conocí al mismo tiempo a dos mujeres que soñaban con ser escritoras y que ahora lo son. Sus lectores se han convertido en sus fans y ellas pueden soñar mundos alejados de sus vidas y compartirlos en sus páginas. La crisis de la prensa, con más de 400 medios desaparecidos en los últimos años, llevó a Emma Lira a cumplir su sueño de ser novelista. Cuando se dio cuenta de que no podría ejercer su profesión, decidió dedicar ocho horas al día a cumplir ese sueño. De ahí, salió su primera novela Donde nacen los dragos. Decidió presentar su manuscrito al premio Fernando Lara de Planeta y… quedó en segundo lugar. Tras este primer éxito, pronto le llegó la oferta de Plaza y Janés para editar esta obra que abrió el ciclo ‘Mujeres y paisaje’ en la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife. Allí tuve el placer de presentarla y de tener esta charla.

-¿Por qué la tenemos que buscar donde nacen los dragos?
“Búscame donde nacen los dragos es una de las principales referencias de mi libro… una obra de búsquedas”.

-¿El paisaje es esencial en esta novela? ¿Es casi otro personaje?
“Hay paisajes que te marcan de alguna manera y que se acoplan a tu estado de ánimo. A todos nos ha pasado que identificamos lugares con estados de ánimo determinados. A mi eso me sucedió con Tenerife sin tener que pasar por una experiencia tan traumática como la de la protagonista de la novela…”.

-Su protagonista es una mujer que llega a la Isla para curarse el alma, ¿lo logra?
“Ella decide empezar de nuevo en Tenerife tras una ruptura amorosa. Quiere romper con todo, cogerse un año sabático y reencontrarse pero no sabe que aquí le espera una historia. No un romance, sino una historia llena de arqueología y de personas que murieron hace 500 años y que están esperando a que alguien les de una voz para poder narrar su versión de los hechos”.

-¿Qué se encontró cuando usted llegó a Tenerife por primera vez?
“Cuando llegué a la Isla por primera vez, hace ya unos diez años, me encontré con una historia que en la Península es muy desconocida y con una realidad cultural de la que apenas ese habla. El concepto que se tiene fuera de Tenerife sobre la isla es solo de sol, playa y turismo… pero hay todo un sustrato y un concepto cultural que es muy desconocido que, como periodista y como amante de la arqueología, me sedujo de inmediato. No fue la primera, segunda o tercera vez que la recorrí… pero a la cuarta empecé a conocer cosas que me parecían increíbles: cuando fui haciendo senderismo yo sola, cuando me alojaba en fincas o charlaba con los pastores que me encontraba… la gente me empezaba a contar cosas de familiares, de abuelos, de alguien que se había encontrado algo…”.

-¿Una arqueología con mucho que contar aún?
“Como curiosa y viajera -aunque ese adjetivo es muy grande- he visitado otros lugares del mundo con una arqueología importante pero me di cuenta que el lugar donde había sentido la arqueología más viva era precisamente aquí, en Tenerife. Ni en Grecia, ni en Jordania, ni en Egipto… era aquí, donde me encontraba con personas que habían en primera persona vivido esto que habían encontrado restos excavando detrás de su casa. Me pareció tan cercano y tan ignorado al mismo tiempo que quise contarlo. Fue la isla la que me dio el argumento y se ha convertido en un protagonista más”.

-Uno de los objetivos de la novela es la cura del alma de esa mujer que, finalmente, se convierte en una investigadora ¿es esa vivencia la que calma su dolor?
“La novela narra dos viajes: uno exterior que emprende la protagonista a esa isla que apenas conoce a nadie y ese viaje interior para huir de sí misma, en un primer momento, y para encontrarse en un segundo plano. Ella se siente en una etapa de su vida abandonada, no cuidada… en un momento en el que todo el mundo a su alrededor tiene trabajo y pareja y ella no tiene nada de eso. Pero, de repente, con la historia que se va generando a su alrededor, ella crece. En un momento de la novela, la propia protagonista dice ‘donde yo me veo débil, otros me ven fuerte; donde yo me veo triste, otros me ven observadora…’. Eso nos pasa a muchas personas y a las mujeres en particular: no somos capaces de ver lo bueno de nosotras mismas hasta que alguien desde fuera lo afirma…”.

-Pero en la historia hay otra mujer… que muestra una valentía que desconocía, ¿verdad?
“Efectivamente. Esto no solo le ocurre a la protagonista sino su alter ego histórico también es así. Ambas son mujeres valientes que, bien por su momento emocional bien por una circunstancia histórica, se enfrentan a la vida fuerza y valentía… Era un pequeño homenaje a todas las mujeres que viven cada día así sin darse cuenta”.

-Podríamos decir casi que la valentía es una característica casi femenina. En este sentido, ¿es esencial la feminidad en su narrativa?
“En esta novela sí, no era algo previsto ocurrió así. Quería huir del arquetipo de heroína que todo lo puede que es súper guapa y segura de sí misma. En este caso, es una mujer que duda constantemente, que no tiene ni idea de las cosas que la rodean, que es consciente de sus limitaciones… es un arquetipo mucho más real”.

-¿Pensaba en que sería una obra para mujeres?
“Mientras la escribía pensaba que podría gustar a un público más femenino aunque no estuviera destinada especialmente para mujeres. Lo cierto es que ha gustado a muchos hombres quizá por la mezcla entre la trama arqueológica, el paisaje…”

-¿Qué le llamó la atención de esa cultura Amazigh que en Canarias, ya por cotidiana, quizá la tengamos olvidada?
“Me sorprendió el desconocimiento que fuera de las islas existía sobre una cultura que existió hasta hace 500 años con la llegada de los conquistadores castellanos y normandos. Todo el mundo conoce las culturas precolombinas y a los líderes que les combatieron pero lo que ocurrió en Canarias es desconocido cuando ocurrió paralelamente en el tiempo y mucho más cerca, es muy desconocido. Lo segundo que me sorprendió es la sensación de que, de alguna manera, estaba viva porque, en Egipto por ejemplo se siguen encontrando cosas pero que avalan las teorías conocidas y consensuadas… pero aquí todo está por escribir”.

-¿Qué es lo que más le fascinó de esa arqueología aborigen canaria?
“Es una arqueología viva. Tienen una serie de incógnitas que están abiertas aún, los propios historiadores y arqueólogos no se ponen deacuerdo y eso hace que esté totalmente vivo… Me sorprende la relación con la cultura Amazigh que ha estado supeditada al poder general: la cultura, religión y lengua beréber fue dominada también por los conquistadores. De hecho, hay que recordar que fue en 2011 cuando Marruecos permite el uso de la lengua amazigh, que tiene muchas similitudes con la lengua que se hablaba en Canarias a la llegada de los conquistadores. Este tipo de cosas se conocen, pero no se han contado de una manera divulgativa y me pareció que merecía la pena contarlo”.

-Al haber tantas escuelas y documentación en torno a este asunto, ¿le fue fácil desenmarañar todo este material para buscar documentación?
“Lo curioso es que había pocos autores canarios y muchos franceses o alemanes. Al ser novelista y no historiadora, pude permitirme el lujo de tener ciertas licencias. Cuando me venía bien que los guanches navegasen, pues los ponía a navegar. Cuando me interesaba que fueran todos buenos y que vivían en armonía con la naturaleza. En un momento dado, hablçe con un catedrático de la ULL de Arqueología que me decía ‘yo no estoy en desacuerdo con que los guanches navegaran porque no hay ninguna evidencia científica sobre ello pero… tenían que navegar… como académico no puedo refutar esto pero si escribiera una novela, mis guanches navegarían”.

-¿Cómo eran los guanches que visualizó para su novela? ¿Eran como los de las esculturas altos, guapos y viriles… que dan ganas de pedirse uno para casa?
“Mis guanches vivían en un momento muy delicado históricamente: es el momento de la conquista. Tenerife es la última isla que cae y ellos eran conscientes de que el resto de las islas ya habían caído… mis guanches no es que fueran altos o guapos sino que tenían otras preocupaciones porque estaban en un momento importante donde quieren preservar su historia, sus costumbres y honrar a sus muertos por encima de todo. Me los imaginé menos físicamente que psíquicamente. Es un pueblo que sabe que el tiempo se le acaba”.

-Su afición por los viajes y esta relación con la cultura Amazigh le llevó a convertirse en embajadora de la agencia de viajes Focus on Women para ese país, ¿qué país les enseña a sus viajeros?
“El proyecto Focus on Women lo creó Alice Favenau, una mujer viajera que las mujeres que viajaban solas necesitaban conectar con otras mujeres y que había países donde este contexto humano era complicado. Por ello, crea estos viajes donde, por ejemplo, se puede conocer a una cocinera marroquí, una novelista iraquí perseguida o mujeres que trabajan en el aceite en Maruecos, país del que soy cicerone”.

-Hace ya unas semanas de la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife donde vinieron muchas escritoras y estamos viendo un auge en las librerías de mujeres escritoras ¿es un fenómeno? ¿es un género?
“Creo que hay que buscarlo al revés: en este país las compradoras de libros son mayoritariamente y quizá ellas se sientan más identificadas con historias narradas por mujeres. El tiempo entre costuras narrado por un hombre no hubiera generado tanta empatía… así que es creo que sí hay una manera diferente de narrar ciertas vivencias”.

-¿Ha logrado dará conocer a Tenerife gracias a su novela?
“Hay mucha gente que conoce la isla pero por su aspecto más turístico no por las playas como la Tejita o lugares como Arico el viejo… con mi novela pretendo dar a conocer otra imagen de la isla. Por ejemplo, la finca donde está ambientada existe realmente entre Abades y Arico y las fotos que acompañan esta entrevista son realizadas en la cueva real en la que me inspiro para la historia. La finca en la vida real se llama Santa Isabel y los dueños están totalmente calcados en la novela”.