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Mi vida es mi mensaje – Por Indra Kishinchand López

   

Comprendí que no hay versos sin intentos fracasados, así que lo intenté en repetidas ocasiones y fracasé como tantas otras veces; aquello de escribir dejaba de cobrar sentido cuando miraba a mi alrededor y no encontraba más que esa incoherencia absurda de la que todos hemos sido testigos alguna vez. Allí más que en ningún lugar. Las primeras planas de los periódicos estaban ocupadas por personas que, contra su voluntad, o quizás por desconocimiento, habían realizado actos reprobables. No sabía si era más ridículo admitir la ignorancia propia o volcar la culpa en los conocidos o desconocidos, en transeúntes de vida; en los de usar y tirar, que se dice vulgarmente. Entonces pensé que dejarse llevar por aquella coyuntura sería tan o más cobarde que todo lo que me removía y me ponía la cabeza contra el suelo. Porque escribir no era solo informar, formar, entretener, denunciar… Escribir era la vía para una resurrección mundana. Escribir era la señal de que el fracaso y la frustración se pueden convertir en arte. Aquello que nadie se atrevía a decir en voz alta por si se despertaba alguna conciencia formaba parte del subconsciente de un país que luchaba por traspasar la alegría y la honestidad de sus gentes a un lugar que se conocía como las altas esferas; nadie había estado allí nunca pero se rumoreaba que de ese terreno salían los problemas en forma de balas que mataban ilusiones. Nadie había estado allí pero todos sabían que el conflicto no era el lugar, sino quienes habitaban en él. Los inquilinos de las altas esferas eran tipos con suerte, pero a menudo incoherentes. Alguien les explicó un día que unos meses antes de que se produjera el asesinato de Gandhi, le preguntaron a este cómo resumiría el mensaje que quería transmitirle al mundo. El destino quiso que aquel día Gandhi se encontrara en su “jornada silenciosa” de la semana. Entonces, tomó lápiz y papel y escribió: “Mi vida es mi mensaje”. Ellos también respondieron con silencio. Pero ni siquiera todas las maneras de callar quieren decir lo mismo.