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Modas – Por Francisco Pomares

   

En mi entorno personal, esa cincuentena de personas más cercanas con las que uno se relaciona con más frecuencia, no conozco absolutamente a nadie que se declare abiertamente partidario de la monarquía como sistema de Gobierno. Pero tampoco a nadie que crea que este es el momento de abrir el debate sobre la forma de Estado en España. Cada vez que interrogo a algún amigo o conocido me habla de los errores cometidos en los últimos años por el rey, de las cada vez menos presuntas golferías de su yerno, o de que la princesa Leticia está demasiado flaca para soportar un reinado completo. Luego hay una división de criterio, claramente generacional: los que tienen mi edad o un poco más, recuerdan los servicios del rey en la Transición, y especialmente su intervención en el golpe de Estado de Tejero. A los más jóvenes la monarquía les suena a entelequia medieval, o directamente se las trae al fresco. Entre la crítica, la broma y la reflexión, el estado de opinión que percibo en mi entorno se me antoja muy parecido al que reflejan los estudios demoscópicos. Los españoles estamos bastante hartos de todo, monarquía incluida, pero aún así, sólo una minoría muy minoritaria es partidaria de meterse en aventuras. El horizonte político ya está bastante liado con la secesión catalana y las que se apuntan detrás. Quizá por eso, el resultado de la votación sobre la abdicación de Juan Carlos refleja bastante bien el estado de ánimo del país: los partidos herederos del pacto constitucional del 78 han actuado como se esperaba de ellos, con la excepción de CiU, que está en su propia guerra, una que libra para perderla y -sobre todo- para perderse. Y los partidos abiertamente republicanos han votado por la continuación del rey Juan Carlos, en un surrealista formato de protesta contra la monarquía que –sin embargo- sus votantes y electores han percibido con toda claridad como básicamente coherente. Probablemente el voto más inexplicable ha sido el de Coalición Canaria, cuya única diputada -Ana Oramas, portadora de uno de los pocos apellidos con tradición monárquica de esta región-, se ha abstenido por disciplina de partido. El problema de los partidos ideológicamente oportunistas -y el oportunismo es la principal seña de identidad de Coalición Canaria- es que son muy permeables a las modas. Ahora la moda política es abiertamente antimonárquica, entre otras cosas porque este país es especialista en hacer leña del árbol caído. Dentro de menos de un mes, el papel couché lo habrá invadido todo y parecerá que hay menos republicanos que ahora…