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Motivaciones – Por Juan Carlos García

   

Una persona a la que creo conocer bastante bien me susurraba ayer que en el recorrido que enlaza las últimas semanas de la primavera con las primeras del verano la sociedad canaria, así como la española, están escribiendo párrafos para los textos de historia. Me recordó que hoy, entre otras anotaciones en la agenda, es su cumpleaños. Me confesó que no era el mejor momento para cumplir años. “No tengo tiempo para cumplir años”, me espetó. Con su pareja desterrada a 3.000 kilómetros por una empresa líder del sector, que se vanagloria en las Islas de contribuir a la estabilidad familiar, tampoco me omitió su particular travesía por el desierto laboral. Me aseveró, sin embargo, que su motivación no estaba en paro. Si consideramos que una motivación se basa en aquello que impulsa a una persona a realizar ciertas acciones y mantener firme su conducta hasta lograr o intentar lograr, al menos, el objetivo planteado, en este tramo del año que transcurre entre el último tercio primaveral y el primero del estío gran parte de la sociedad canaria y española encuentra motivaciones suficientes para expresar su desaprobación, su descontento, ante situaciones dictadas desde lo más alto del poder establecido. Semanas de renuncias y esperanzas. En todos los ámbitos de la sociedad. Una sociedad, la nuestra, que además de los desafíos sociales, políticos o económicos, también se encuentra impregnada de los retos deportivos. Nadal, tras ganar en París por novena vez, dijo: “Luchando, las soluciones llegan”. A continuación, aseguró: “Las motivaciones me han mantenido con la mentalidad de querer aguantar, de saber sufrir”. Tras la cita con la historia de Nadal, los adictos a las sensaciones de logros deportivos tienen desde hoy hora en Brasil con el mundial de fútbol. El seleccionador español, Del Bosque, afirmó hace unos días: “Ganar depende de la motivación”. Motivación es la que tienen que mostrar también hoy los miles de estudiantes que se enfrentan a la PAU. Esa persona a la que considero comprender bastante bien me revelaba ayer que sin una mínima motivación, por más pequeña que sea, no servía para nada cumplir años.