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Los otros Felipes

   

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1. Felipe I el Hermoso
Casado con Juana la Loca, hija de Isabel y Fernando -los Reyes Católicos-, Felipe de Habsburgo trae a España la dinastía de los Austria. Después de la muerte de Isabel, y con la firma de la Concordia de Salamanca (noviembre de 1505), Juana y Felipe quedan como reyes de Castilla y León, y Fernando como gobernador. Sin embargo, meses después, se reconoce la presunta enajenación mental de Juana; Fernando se retira a sus reinos de Aragón y Felipe se erige en único rey, pero muere en septiembre de 1506. Felipe es el padre de Carlos I.

2. Felipe II el Prudente
Hijo de Carlos I de España, Felipe, llamado el Prudente, se convierte en rey tras la abdicación de su padre. Hereda un vasto imperio que acrecienta incluso con la incorporación de territorios como Portugal o Filipinas (islas que se denominan así en honor a su nombre). Paladín de la Contrarreforma, bajo su reinado se ganó la célebre batalla de Lepanto, en lucha contra los turcos, aunque también cosechó el sonoro fracaso de la Armada Invencible en su intento de conquista de la Inglaterra isabelina.

3. Felipe III el Piadoso
Hijo de Felipe II, con su reinado comienza la etapa de los llamados validos, ministros principales que asumirán las riendas del poder dejando a un lado al monarca en los asuntos del gobierno. Aunque la máxima extensión del imperio hispano llega en este periodo con la anexión, a través de conquista, de algunos lugares norteafricanos, comienza el paulatino declive de la hegemonía española en Europa. Expulsó a los moriscos en 1609. En el apartado cultural, España está inmersa en el llamado Siglo de Oro.

4. Felipe IV el Grande
Siguiendo el camino emprendido por su padre, Felipe III, delegó el gobierno en un valido, en este caso el poderoso conde-duque de Olivares. Su reinado se caracterizó por diferentes guerras, que colapsaron la hacienda pública, lo que le llevó a poner en marcha diversas medidas impopulares, como la Unión de Armas, en la que exigía que todas las posesiones contribuyeran con dinero y hombres a un ejército común, aspecto que a la postre provocó la independencia de Portugal y el levantamiento de Cataluña.

5. Felipe V el Animoso
Felipe de Anjou inaugura la Casa de Borbón en España y accede al trono al dejarlo así en su testamento Carlos II el Hechizado -hijo de Felipe IV-, que muere sin descendencia, lo que provoca la denominada Guerra de Sucesión, de tan infaustas consecuencias para un imperio cada vez más capitidisminuido. El Tratado de Utrecht pone fin a la beligerancia con la pérdida de los territorios en los Países Bajos, Gibraltar y Menorca. Felipe V instaura un Estado de factura centralista.

F.D. | Santa Cruz de Tenerife

La monarquía hispánica tenía hasta la fecha cinco reyes con el nombre de Felipe. Ahora ya son seis con la subida al trono del hijo varón de don Juan Carlos. Han tenido que pasar, por lo tanto, más de 300 años para que un rey retome este nombre tras Felipe de Anjou, el monarca que inaugura la dinastía borbónica en España a principios del siglo XVIII y en la que se contextualiza la llamada Guerra de Sucesión (1701-1713), contienda que surge a raíz de la muerte de Carlos II, el último rey Habsburgo, quien falleció sin dejar descendencia, y en la que el imperio hispano pierde sus posesiones europeas y su condición de potencia mundial de primer orden, a pesar de contar aún con extensos territorios de ultramar.

Precisamente, el padre, el abuelo y el bisabuelo paterno de Carlos II el Hechizado, apelativo con el que pasaría a la posteridad este rey infortunado y enfermizo, se bautizaron Felipe (Felipe IV, 1621-1665; Felipe III, 1598-1621; y Felipe II, 1556-1621). De estos monarcas de la Casa de Austria, destaca especialmente Felipe II, de quien se decía que en su reino “no se ponía nunca el Sol”, en alusión a la inmensidad del imperio español, con territorios en todas partes del mundo. Sin embargo, sería el esposo de Juana la Loca, Felipe el Hermoso, el primero en aportar este nombre -y en instaurar la propia rama de los Austria o Habsburgo- a la monarquía hispánica, como rey de Castilla y León (1506).

Los predominantes

En cualquier caso, Felipe, cuyo nombre procede del latín Philippus, que a su vez proviene del griego Philippos, y que etimológicamente significa “amante de los caballos” o “amor al caballo”, no es el más predominante entre los monarcas españoles (en los que se incluyen los diferentes reinos de la piel de toro antes de la reunificación de coronas llevada a cabo por Isabel y Fernando, los célebres Reyes Católicos). Tal honor le corresponde a Alfonso, sin duda, el nombre más prolífico. El último fue el bisabuelo paterno de Felipe VI, Alfonso XIII. Otro muy habitual es el de Fernando, con siete representantes en el cuadro regio. En el lado opuesto de la nomenclatura real, se encuentra Luis, con solo un monarca en este particular listado, que no reinó ni un año (apenas 229 días) en 1724. Los nombres compuestos tampoco son usuales en la monarquía española. De hecho, el más claro ejemplo lo tenemos en el propio rey Juan Carlos I.