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¿Para qué la ONU? – Por Claudio Andrada Félix

   

Desde hace ya bastante tiempo, a Naciones Unidas (ONU) no le hace caso ningún país de los llamados del primer mundo. Les da absolutamente lo mismo que se hable de pobreza, de explotación infantil, de golpes de estado de cualquier aspirante a dictador, del hambruna que literalmente mata a más de cuatro niños en Etiopía o Eritrea en lo que escribo este artículo, y así un largo etcétera de tropelías que comete el poderoso contra el que no lo es a lo largo y ancho de este planeta. Si la ONU plantea admitir una demanda justa de un país o colectivo racial oprimido, inmediatamente comienzan a ejercer las presiones los mercados, que a través de sus líderes políticos bien amamantados, buscan estrategias de opinión pública para demonizar a esa minoría (siempre mayoritaria en sus lugares de origen) y darle la vuelta a la tortilla y donde dije digo, ahora ‘el que dice soy yo’, con ese tufillo a interés mercantil que todo lo puebla y lo mueve. Precisamente, en esa línea va el acuerdo del pasado viernes en el sentido de que se aprobó un resolución histórica que abre el camino para poder vigilar de cerca el cumplimiento de los derechos humanos por parte de las multinacionales a lo largo y ancho del planeta; un terreno hasta ahora inexplorado a estos niveles, y una resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que ha supuesto, según Diana Aguiar, investigadora del Transnational Institute, una inyección de optimismo en las organizaciones y colectivos que luchan por estas causas. Hasta aquí, todo bien.

Pero qué efectividad tendrá esta vigilancia cuando la UE y EE.UU. han votado en contra (en total 14), 13 se abstuvieron y solo votaron a favor, entre ellos Venezuela, Cuba, Rusia y China, que ya ven ustedes lo que le importa a China y Rusia firmar lo que le pongan por delante y después permitir que la deslocalización de las producciones de las grandes multinacionales tengan en sus respectivos paraísos laborales a sus ciudadanos trabajando a destajo y sin respeto a sus más mínimos derechos humanos. Y todo, así de fácil. Proponen una norma justa, que limite la explotación salvaje del hombre por el hombre, y las regiones más desarrolladas del planeta y con más intereses en los países del tercer mundo pondrán el grito en el consejo, moverán a sus lobbies y al día de aprobar la norma solo será papel mojado. Mientras que los capitales sean transnacionales y los derechos locales y sean los mercados quienes dicten las normas y llenen los sobres, este mundo ni será justo ni tendrá arreglo alguno.
claudioandrada1959@gmail.com