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Parche fiscal – Por Juan Manuel Bethencourt

   

Desde el punto de vista táctico, la supuesta reforma fiscal planteada por el Gobierno del PP está muy bien ideada. Se nota que ha sido diseñada no por un fiscalista, sino por un asesor electoral. Pero bueno, eso ocurre siempre en democracia, las decisiones tienen que ver con unos ciclos vinculados a su vez a la cita con las urnas. El PP no es, en ese sentido, un partido distinto ni peor que cualquier otro. Tampoco mejor, claro está. Se ve que Mariano Rajoy necesita protagonizar unas cuantas buenas noticias antes de someterse de nuevo al veredicto ciudadano. Tras mil y un incumplimientos, la rebaja de impuestos aparece como un argumento muy socorrido, aunque ya se verá si convincente o no. A grandes rasgos parece que funciona: es difícil criticar a un gobierno que baja los impuestos a sus administrados. La política tributario-electoral no tiene ideología. Rodríguez Zapatero afirmó en su momento que rebajar la presión fiscal era de izquierdas, lo cual causó estupor, pero como eslogan funcionaba, sobre todo porque en aquellos años, con la recaudación en niveles récord, España se financiaba muy fácilmente, cerraba Presupuestos con superávit y determinadas alegrías eran sencillas de ejecutar. El escenario hoy es muy diferente, cosa que Rajoy debía conocer ya cuando lanzó un programa electoral victorioso en 2011 cargado de rebajas de impuestos imposibles de cumplir. ¿Y dónde estamos ahora? En la renuncia del Gobierno a producir una reforma fiscal en profundidad, la que España necesita. Aunque el PP intenta desandar lo andado, los números no le cuadran: en el saldo global de la legislatura, el Gobierno de Rajoy ha subido los impuestos a los españoles, a través del IRPF y el IVA, y esta rebaja anunciada en la imposición al trabajo no recuperará el terreno perdido. Prometieron menos impuestos, y hay más; prometieron menos desempleo, y hay más que cuando llegaron al poder. O sea, el mismo juego de siempre. En realidad la política fiscal del PP, como la del PSOE, peca de falta de ambición y recurre demasiado al parche: tres puntos arriba cuando aprieta el zapato del déficit, dos abajo cuando se acercan las elecciones. Eso es ponerse el listón muy bajo, porque al final las medidas se centran siempre en los mismos: los trabajadores cuya única fuente de riqueza es la nómina mensual, los autónomos que se levantan más temprano que nadie, la clase media a la que no le cundirá nada este retoque fiscal de Rajoy & Montoro. Una reforma fiscal en profundidad, que detecte los orígenes reales de la abundancia y los ponga al servicio del interés general, de los servicios públicos esenciales y el crecimiento económico. Esa es la tarea, difícil por cierto. Ahora ya sabemos que Rajoy no está dispuesto a hacerla.

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@JMBethencourt