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Paren ya – Por Francisco Pomares

   

Escarbando en la reforma fiscal, detrás de la pretensión enunciada de cumplir con el programa electoral del PP y reducir la carga fiscal de los ciudadanos de este país, se encuentra uno con propuestas insensatas, como la que establece que la indemnización por desempleo sea gravada con un impuesto. Uno no tiene muy claro porque las indemnizaciones deben cotizar. Cuando uno es puesto de patas en la calle, si ha tenido la suerte de que la empresa que le ha contratado cotizara correctamente, además del derecho a recibir una paga sustitutiva del salario -el seguro de desempleo- tiene la oportunidad de recibir una indemnización para hacer frente a los meses de búsqueda de una nueva ocupación. Hace unos años, se decidió gravar con el IRPF el paro, por considerarlo una renta del trabajo. Se dijo entonces que la indemnización quedaba exenta de tributar por no ser renta, aunque se desarrollaron procedimientos para que en los casos de grandes indemnizaciones, una parte de ellas cotizaran. Lo que hace la nueva reforma fiscal es incorporar al impuesto todas las indemnizaciones por despido, con un tipo que entre pitos y flautas supondrá que el fisco se apropie de alrededor de la cuarta parte de lo que se haya cobrado. Y esto admitiendo que la indemnización por desempleo no es una renta. Si la propuesta -que afecta ya a todos los trabajadores despedidos desde el pasado viernes- se materializa finalmente como ha salido del laboratorio fiscal del ministro Montoro, supondrá abrir un curioso melón: tras el despido de un trabajador con más de 30 años en la misma empresa, si se puede recaudar el 25 por ciento de una indemnización de 80.000 euros, entonces… ¿que garantías hay de que no acabaremos pagando impuestos por recibir una indemnización por robo, por estamparnos con el coche, por una negligencia médica o porque se nos caiga el techo encima? Ninguna, no hay ninguna garantía. La voracidad fiscal de este gobierno es insaciable. Cada día la presión sobre el bolsillo de los ciudadanos es más alta, y a cambio se reciben menos servicios. Han retorcido el Estado de Bienestar, ajustado sueldos y salarios, reduciendo servicios, privatizando todo lo privatizable, aumentando la pobreza y la desigualdad entre quienes menos tienen y quienes tienen más, y con eso lo único que se ha logrado es estabilizar las cuentas del propio Gobierno, aunque hoy el país debe casi el doble de lo que debía cuando se fue Zapatero. Y tiene un millón de parados más. Por favor, dejen de favorecernos ya. No nos bajen más los impuestos. Así no.