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Poemas – Por Juan Carlos García

   

Los periódicos chilenos del jueves pasado compartían en su primera página, en la portada, el triunfo el día anterior de su “roja” sobre el equipo de Del Bosque con el hallazgo de una veintena de poemas inéditos de Neruda, su escritor más emblemático. Entre la obra del Nobel de Literatura, destaca una de sus publicaciones más conocidas: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Contaba con veinte años cuando salió a la luz. Dicen, cuentan, que en el vestuario de la selección española, en Maracaná, se encontraron tras el partido unos folios manuscritos en los que se podía leer una canción de amor y 23 poemas desesperados. De aquellas costas del Hemisferio Sur a estas del Norte, ese mismo jueves, Felipe VI, en su primer discurso como nuevo rey, citó a cuatro escritores republicanos referentes de otros tantos sentimientos territoriales: el vasco Aresti, el catalán Espriu, el gallego Castelao y el andaluz Machado. En homenaje a ellos hay quien podría confeccionar hasta veinte canciones de amor y un único poema desesperado. De vuelta en las costas sudamericanas, otro Felipe, el seleccionador de Brasil, busca el VI reinado de su país en el mundo futbolístico. De regreso a estas costas atlánticas.

Del día del Corpus a la Octava del Corpus, pasando por la noche de San Juan en luna menguante. Casi todos los estamentos de la sociedad se encuentran agrietados. Todos los días, al alba o al ocaso, se desprenden nuevos azotes a la honestidad. Aquí y en Pekín. En estas islas y en la Península. Golpes certeros a la presunta honradez que exhiben algunos. La situación de miles, decenas de miles, centenares de miles de familias es todo un poema. Aquí, en Canarias, haciendo referencia al poemario de Neruda, nos podemos encontrar con un hospital de amor y veinte pasillos desesperados. Asimismo, hallamos desperdigadas veinte playas de amor y una prospección desesperada. En San Andrés, están a punto de publicar una nueva edición de Un dique de amor y cincuenta años desesperados. Si se muestran titubeantes dónde se hallan las costas ricas y dónde las costas pobres, sí es cierto que nos encontramos ante siete costas de amor y un archipiélago desesperado.