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Poliaramidas – Por Sergio García Cruz

   

Mientras unos inventan muerte, otros en cambio, inventan vida. Decía Antonio Mingote: “Todos quieren la paz, y para asegurarla, fabrican más armas que nunca”. Qué contradictorio llega a ser este mundo que hemos creado.

Stephanie Kwolek, falleció este sábado pasado a sus 90 años. Valga este humilde artículo como agradecimiento a esa gran aportación que nos ha dejado, ella ha salvado miles de vidas. Kwolek inventó, ocho años después de que se creara la primera fibra sintética que fue el Nylon, un material mucho más fuerte que el acero y más ligero, que bautizo con el nombre comercial de Kevlar, y su destino era el de ser usado para los neumáticos. En la actualidad tiene cientos de usos, pero el más destacado y por el cual verdaderamente se le conoce es el de ser el material con el que se hacen los chalecos antibalas, a ella se le conoce como por ser su creadora. Se trata de una poliamida sintetizada por primera vez en 1965 llamada poliparafenileno tereftalamida.

Los chalecos de hoy en día se dividen en distintos niveles y se fabrican de fibras de poliethileno, como el del Kevlar o el del Twaron, en los de máxima protección se les añade de manera adicional otras capas de acero y de cerámica. La cerámica aporta buenas propiedades mecánicas y refuerza la protección. Aunque se sigue avanzando en busca de una “camisa” protectora con nanotubos de carbón o geles. Una mezcla de nomex y de kevlar es utilizada por los bomberos por su alta resistencia a las llamas. Los niveles van desde el de clase I que protege de un impacto de un 38 al de clase V que ya está muy reforzado y se usa para la protección de los artificieros. Aunque los niveles varían en función del fabricante, suelen guiarse por la norma técnica del Instituto Nacional de Justicia de los Estados Unidos, según esta se clasifican en siete niveles de acuerdo con su resistencia balística: nivel I, IIA, II, IIIA, III, IV y especial. Lo habitual en España es el nivel IIIA que soportaría 5 impactos de 9 mm o de mágnum 44 a una distancia de 5 metros.

¿Qué ocurre con los chalecos? Pues que si bien son un gran parapeto, no son la panacea. Además, caducan y la humedad suele ser su peor enemigo. Al recibir un impacto de bala aunque no nos mate no deja de ser un mazazo doloroso y que a veces causan lesiones. Unos los hacen con una mayor deformación y otros con menos, la normativa indicada permite hasta un nivel que no exceda de 4,4 centímetros, este nivel de trauma es importante para saber si estamos ante un chaleco bueno o malo. En los que nos protegen contra las armas blancas la normativa permite hasta 20 mm de penetración, y también se califican en niveles que van del 1 al 3 según el tipo de hoja, y la fuerza ejercida que se mide en julios, digamos que muy pocas personas en este mundo superan los 65 julios. Lo habitual es que los chalecos sean de protección balística y antiarma blanca al unísono.

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