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El PSOE y su laberinto – Por Gustavo Matos

   

Estamos viviendo no una época de cambios sino un cambio de época. Esto significa que nada volverá a ser como ha sido hasta ahora. Ni las relaciones sociales, ni los movimientos ciudadanos, ni la economía, ni la cultura, y por supuesto tampoco la política. Esto no tiene que ser necesariamente malo, depende de cómo se afronten los cambios y de la actitud que tengamos ante un tiempo crucial que nos ha tocado vivir. El PSOE no es ajeno a estos cambios y de su capacidad de adaptación depende que vuelva a convertirse en el protagonista del cambio en España, como lo fue en los años 80. Que vuelva a ser el instrumento al servicio de la ciudadanía, pero sobre todo de las trabajadoras y trabajadores. Las viejas recetas de las democracias no están sirviendo para frenar lo que es un ataque en toda regla a ese pacto que inventamos en Europa llamado Estado del Bienestar. Y el PSOE debe buscar la fórmula capaz de combinar la estructura y el modo de un viejo partido que le da cohesión y que lo articula, con la necesidad de ser una organización más permeable a las nuevas ideas, a los cambios, a un mundo que está fuera de sus agrupaciones locales y que una buena parte de su viejo aparato no termina de comprender. No se puede tratar de liderar una sociedad que no se entiende, mucho menos cambiarla o llevarla a algún sitio. El PSOE tiene ante si el gran reto de convencer a la mayoría de izquierdas y progresista de este país que si bien hoy no es alternativa, no hay alternativa posible a la ofensiva de la derecha sin el PSOE.

Se va a producir un cambio generacional en el PSOE; eso es irreversible. Candidatables como Pedro Sánchez Castejón, Susana Díez o Edu Madina tienen entre ellos un denominador común. El del cambio generacional. Nadie debe sentirse por ello amenazado. Ya ha ocurrido antes. Es la historia del PSOE. Y lo haremos a través de un proceso de libre elección entre los militantes. Sin duda saldrá bien. Siempre he dicho que es más fácil acertar si decidimos entre muchos que si votan unos pocos. Ahora toca llenar de contenidos el proyecto que ofrecer a los ciudadanos. Pero no podremos salir del laberinto sin correr riesgos, sin ser audaces, sin renunciar a la cultura de la resignación. Depende de todos y todas. Nuestros padres, la generación de Adolfo Suárez o Felipe González, que en la transición rondaban los cuarenta años, fueron capaces de arriesgar, de saltar a veces sin red, y tras ellos una generación que lo hizo para construir un espacio de convivencia y progreso como nunca antes se ha vivido en España. Ahora nos toca no defraudar a nuestros hijos y no hacerlo peor que nuestros padres. Animo a todos a participar, a no quedarse de espectadores, porque hoy el futuro lo construimos entre todos, ya no se trata de llegar el primero y sólo, hoy se trata de llegar juntos y al mismo tiempo.