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después del paréntesis >

Reyes – Por Domingo-Luis Hernández

   

Estaba preocupado, monárquico como es él, porque, para ponerlo en su sitio, o para probarle lo extemporáneo de una institución tal, le contaron la triste historia del Rey don Sebastián de Portugal, y lo que por él ocurrió: horror de los horrores, Portugal fue de España con Felipe II. Tal cosa lo tenía a mal traer, no por los lusos, que ellos se lo han perdido, sino por el futuro de la Corona de España, que habrá de perdurar más entre los hombres que la propia humanidad.
Pese a ser rey, un rey idiota, me dijo; un favor es un favor y más desde la corona. ¡Pues no habría chicas alrededor dispuestas a darle hijos, aunque don Sebastián no interviniera en el asunto!

La cuestión es que el muchacho dicho, don Sebastián, llegó a rey siendo niño por la muerte de otro rey y mientras crecía se dedicaba a sus cosas, la caza, el entrenamiento militar, los torneos…, pero de jovencitas nada. De manera que su abuela Catalina, que era muy sabia y conocedora del futuro, insistía: una señorita que será reina y señora y dará los frutos apetecidos para la continuidad.

Ni por esas, y mira que don Sebastián adoraba a doña Catalina. Podía más su homosexualidad, su incapacidad para penetrar a mujer alguna, que los sabios consejos de su abuela. Y cuando ya no tuvo escapatoria, no decidió casarse (¡carga siniestra del reinado que como carga suprema el divino rey acepta!) sino convertirse en el héroe definitivo de la cristiandad. Contrató a millares de mercenarios y con una parte importante de su ejército se internó en el desierto de África para liberar Jerusalén. La masacre (del 4 de agosto de 1578, en Alcazarquivir) fue memorable, una de las páginas más siniestras de la crónica del mundo.

Un bonito modo de suicidarse, le dije, en compañía, rey y cobarde. Porque eso carga la realeza: no mirar de frente a lo que se es, por ejemplo, un corrupto, de ahí la inmunidad (¡pobre Iñaqui Urdangarín y doña…!), sino dar brillo a la opulencia.

No te pases. Parece mentira, respondió, y mira que enseñas Borges en la universidad, no recuerdas qué significa Facundo ahora (valentía, voluntad, responsabilidad) y no el hombre-tigre que describió Sarmiento; en eso se pierden los republicanos como tú. Quiso decir que la homosexual de don Sebastián en ese tiempo era un grave problema, que verse acompañado por una mujer era peor, porque lo sacaba de quicio; asimismo es posible que no supiera afrontar como individuo y como rey su homosexualidad ante la admirada Catalina; si lo hubiera hecho, acaso su abuela lo habría sacado del apuro. Eso es una cosa y otra es que don Sebastián no muriera como un Rey.

Como morirá Felipe, le dije, que hasta nos robó a una plebeya porque no tenía tiempo de buscarse a una princesita por ahí.
No te pases, insistió. Además, el rey Don Sebastián demuestra la importancia que tiene para la humanidad la realeza. ¿O no recuerdas que aún los portugueses esperan que aparezca vestido como se fue a la guerra por la playa del río Tajo que está enfrente de la Plaza del Comercio para arreglar todos sus males?
También los mexicanos esperaban que el supremo dios Quetzalcóatl regresara de nuevo por la misma playa por donde se fue, y el que apareció fue Hernán Cortés, para joderlos.