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Sicav y dimisión – Por Juan Manuel Bethencourt

   

La carrera política de Willy Meyer, el veterano y eficiente eurodiputado de Izquierda Unida, ha terminado, al menos temporalmente, de un modo un tanto abrupto y extraño. Resulta que, en su condición de miembro de la Cámara de Estrasburgo, se acogió a un plan de pensiones instado por la propia institución, pero gestionado por una sociedad de inversión de capital variable (sicav) con sede en Luxemburgo, ese paraíso fiscal ubicado en el corazón mismo del proyecto europeo. Meyer ha renunciado por una cuestión de coherencia, y hay que decir que el eurodiputado cesante se ha puesto el listón altísimo a sí mismo, pues desde el punto de vista legal no hay irregularidad alguna en su proceder, que además comparte con los cabezas de lista del PP y el PSOE en las pasadas elecciones europeas. En efecto, Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano están también suscritos al citado fondo de pensiones, al igual que una exeurodiputada de tanto renombre como Rosa Díez. Todos ellos sucumbieron a una promesa fácil que además era impulsada por la propia Eurocámara, lo que concedía al asunto no sólo una credencial de evidente legalidad, sino también una pátina de legitimidad. Aquí hay que resolver un interrogante: ¿sabía Meyer que ese plan de pensiones presuntamente inocuo era gestionado desde las entrañas del sistema financiero al que demonizaba en sus discursos? Es una cuestión difícil de deslindar, pues nadie puede esperar que los bancos, sala de máquinas del capitalismo, vayan a desaparecer a corto ni largo plazo (ni conviene). De modo que, incluso desde la crítica más acerada contra el sistema, los servidores públicos trabajamos dentro del mismo, a veces con desagradables consecuencias, en otras con soluciones paradójicas.

Podemos, el partido de la izquierda emergente, ha crecido amparado en las redes sociales, que no son ONGs, sino multinacionales estadounidenses (Facebook, Twitter) criadas por inversores que tienen un despacho en Wall Street y otro en Silicon Valley. ¿Debería Pablo Iglesias obviar esta formidable herramienta de comunicación? Por supuesto que no, y sería estúpido si lo hiciera (que no lo es). La dimisión de Meyer tiene que ver, pues, con una cuestión de coherencia. No se debe meter el dinero en una sicav si al mismo tiempo se las critica con fiereza. Este error de cálculo le ha costado el cargo, pero una decisión tan drástica, me atrevo a afirmar, no resta crédito a su partido, Izquierda Unida; quizá lo contrario. Y una última cosa: es el Parlamento Europeo el que debe renunciar a la grosería de recurrir a instrumentos de ahorro reservados a los ricos. Y, por favor, que una mayoría política aborde de una vez la obscenidad de los paraísos fiscales en nuestro territorio.
www.juanmanuelbethencourt.com
@JMBethencourt