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¡Vivir en verano! – Por José Juan Rivero

   

Desde hace unos días algo ha cambiado en el ambiente, las horas de sol diarias, el movimiento en nuestras calles, nos dejan ver que el verano ya ha llegado. Nuestros hijos no van al cole, lo que en principio nos genera algo de estrés, ya que nuestras tan apretadas agendas laborales y sociales tienen que incluir ese tiempo de conciliación que no es tenido en cuenta por muchas empresas. Y sobre todo, vivimos pensando en las vacaciones, ese tiempo de descanso, de desconexión y tranquilidad. Desde la planificación del viaje, para aquellos que por suerte puedan realizarlo, hasta el encontrar un lugar donde al menos, según nos deje esta maltrecha economía familiar, poder retirarnos a descansar y compartir con nuestras familias unos días. Pero sin querer parece que ni en estos momentos donde debe reinar el descanso y la desconexión de la incesante actividad diaria, nos permitimos hacer un paréntesis en nuestras vidas y disfrutar, con mayúsculas, saboreando los momentos que nos brinda esta tan preciada estación.

Sin embargo, nos liamos la manta a la cabeza, comenzamos a preocuparnos por mil problemas que encontramos en todo lo que se nos ha venido encima de un día para otro. Por una parte, nos planteamos, ¿qué hacer con nuestros hijos e hijas? Ya que en muchas ocasiones debemos de distribuir nuestras vacaciones rellenando ese tiempo que cubría la escuela y que ahora ha quedado vacío, nos supone un problema añadido, y pensamos que si los padres dividen los tiempos de vacaciones, nuestros hijos las tendrán repletas de actividades, sin darnos cuenta de que a nuestros niños y niñas, a nuestra familia, lo que le hace falta es compartir espacios y tiempos de calidad, necesitan convivir y divertirse junto a nosotros. A esto añadimos que tanto si nos vamos a algún lugar, como si no, parece que tenemos prohibido disfrutar. Si nos vamos, nos preocupamos por si nuestro avión se retrasa, nos enfadamos por la habitación, discutimos con nuestra pareja, etcétera. Por otra parte, si no me voy de vacaciones, no aprovecho el tiempo en planificar actividades y momentos en mi vida y junto a la familia y amigos, sino que vivo desde la añoranza y la tristeza de lo que podía haber hecho. Lo que nos limita, nos impide experimentar el disfrute y el poder dedicar el tiempo a potenciar nuestras vidas. Vivimos desde el déficit constante, desde el catastrofismo y el estrés del cómo me gustaría, en vez de disfrutar de los momentos. ¡Date un respiro y disfruta de tu vida!

*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE
PSICOLOGÍA POSITIVA
@jriveroperez